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Entre violencia y negligencia: el grito de ayuda de los árabes en Israel

UN HOMBRE DE 44 AÑOS ASESINADO A BALAZOS EN LA LOCALIDAD DE BINA, ES EL CUARTO ÁRABE QUE MUERE DE FORMA VIOLENTA EN DIEZ DÍAS

Los obituarios del Rabin Square con los nombres de las personas que han muerto en el último año por causas no naturales. Foto: Jack Guez/AFP.

La violencia intracomunitaria se cobró hoy la víctima número cien entre la minoría árabe de Israel, que denuncia negligencia por parte de la Policía frente al crimen organizado y acusa al Estado de abandono al priorizar a la población judía.

La víctima de hoy, un hombre de 44 años asesinado a balazos en la localidad de Bina, es el cuarto árabe que muere de forma violenta en diez días.

El pasado miércoles fue otro hombre mientras corría con dos amigos en Deir Hanna -la víctima 99-; y dos días antes, un abogado de 43 años y padre de dos hijos fue acribillado al salir de una mezquita en Um al Fahem, el número 98.

"Hoy Isam es un número, y no es el último. Mañana habrá otro, pasado otro y así seguirá", declaraba a Efe Alaa Salti, en Nazaret, en el funeral de su sobrino Isam Salti -de 28 años, recién casado y con un bebé en camino- a quien una bala perdida durante un enfrentamiento entre familias criminales de la localidad de Ilut convirtió la semana pasada en la víctima 97.

La creciente violencia entre la minoría árabe, compuesta de descendientes de palestinos que se quedaron dentro de la frontera del Estado de Israel tras su creación en 1948, es desde hace años uno de los principales problemas de seguridad interna en Israel, donde entre 2017 y 2020 concentró casi el 65% de las muertes en incidentes criminales, pese a representar tan solo el 20% de la población.

Desconsuelo e impotencia

"No sé cómo se para esto", agregó Alaa, buscando respuestas entre el desconsuelo y la impotencia, para sumarse al consenso entre su comunidad sobre la inacción de las autoridades: "tiene que haber igualdad, no puede ser que la Policía defienda solo a algunos ciudadanos y a otros no".

Se refiere a la diferencia en cómo la Policía responde al crimen en ciudades judías o árabes, un argumento que ha sacudido las redes sociales con la etiqueta #Arabs_Lives_Matter (las vidas árabes importan) y que está respaldado por las estadísticas: más de un 70% de lo crímenes resueltos en las primeras y menos de un 25% en las segundas.

"Creo que la Policía puede y debe eliminar el crimen organizado como hizo en las comunidades judías, pero no lo toma en serio", señala a Efe Thabet Abu Rass, codirector de la organización Iniciativas Abraham, que lleva el recuento de estos crímenes.

La violencia dentro de la minoría árabe ha alcanzado por primera vez el umbral del centenar, de los que 85 eran ciudadanos israelíes y 15 residentes, según está organización. Además, 13 eran mujeres, 83 involucraron armas de fuego y 48 de las víctimas eran menores de 30 años.

Aunque Abu Rass reconoce que en la comunidad árabe existe mucha desconfianza hacia la Policía, sugiere cierta intencionalidad por parte de las autoridades de "dejar que los árabes se maten entre sí" ocasionando un problema que ahora les desborda. El año pasado los asesinatos entre árabes fueron 97, un aumento de más del 50 % respecto a los cuatro años anteriores.

Las bandas criminales árabes, dice, aprovecharon dos vacíos dejados por el Estado: uno de seguridad, al reducir la presencia policial en sus comunidades tras la Segunda Intifada; y otro de infraestructura por la falta de inversión estatal en localidades árabes, que carecen de servicios básicos y tienen los índices de pobreza más altos del país.

Respuesta gubernamental

"Estamos perdiendo el Estado", afirmó ayer el primer ministro, Naftali Benet, en la última reunión de un comité especial creado a principios de mes dentro del gobierno para atajar la violencia dentro de la comunidad árabe-israelí

"Estamos en guerra. Debemos brindar a policía y fuerzas de seguridad de mejores herramientas para triunfar en su misión", apuntó el ministro de Justicia, Guideon Saar, tras la aprobación preliminar de una polémica ley que permitiría realizar registros en viviendas sin orden judicial.

Iniciativas como esta han hecho sonar las alarmas en la comunidad, que ve con preocupación cómo sus pedidos de igualdad son respondidos con retórica bélica e implican al Shin Bet, el servicio de inteligencia interior.

"Lo único que buscamos es una actuación policial justa y equitativa", enfatiza Abu Rass, y pide que otros cuerpos, sobre todo el Ejército, eviten el robo de armamento de bases militares, algo que identifica como el principal origen de las decenas de miles de armas que circulan en el sector árabe.

El ministro de Seguridad Pública, Omer Bar-Lev, admitió que el problema es resultado de "un proceso de años en el que familias de criminales tomaron el control debido a la negligencia gubernamental de las comunidades árabes y ciudades mixtas".

Bar-Lev lidera los esfuerzos del actual gobierno para enfrentar esta violencia, que pretenden detener con una inaudita inyección de dinero en las comunidades árabes, más de 9,000 millones de euros en cinco años, acompañada de mayor presencia y control de las fuerzas de seguridad.

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