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EEUU: Niños migrantes desesperados por salir de albergues

Un hondureño de 16 años dijo que no se había reunido con un coordinador de caso en más de tres semanas.

Fotografía de archivo del 30 de marzo de 2021 de menores migrantes al interior de un cubículo en el centro de detención del Departamento de Seguridad Nacional, el principal centro de detención para menores no acompañados en el Rio Grande Valley operado por la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza en Donna, Texas. (AP Foto/Dario Lopez-Mills, Pool, Archivo)

Fotografía de archivo del 30 de marzo de 2021 de menores migrantes al interior de un cubículo en el centro de detención del Departamento de Seguridad Nacional, el principal centro de detención para menores no acompañados en el Rio Grande Valley operado por la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza en Donna, Texas. (AP Foto/Dario Lopez-Mills, Pool, Archivo)

Una niña hondureña de 13 años que pasó dos meses en el albergue de emergencia para niños migrantes más grande del gobierno estadounidense dijo que fue puesta bajo vigilancia para prevención de suicidio y que sólo comía paletas y tomaba jugo porque la comida olía muy mal. En otro sitio, una salvadoreña de 17 años dijo que tuvo que usar la misma ropa, incluida prendas interiores, durante dos semanas, y que pasó la mayoría de los días en cama.

En una tercera instalación en Texas, un hondureño de 16 años dijo que no se había reunido con un coordinador de caso en más de tres semanas para ver si podía irse a vivir con su hermana en Nueva Orleans.

“Estoy desesperado. No me importaría estar aquí 20 o 30 días si supiera que pronto voy a ser liberado. Pero como el proceso no ha comenzado y como no tengo idea de qué está sucediendo o cuándo iniciará el proceso, eso me hace sentir muy, muy ansioso. No sé cuándo terminará esto”, comentó.

Más de una docena de menores inmigrantes describieron condiciones similares y la desesperación que sentían por salir de los centros de alojamiento de emergencia de gran escala montados por el gobierno de Joe Biden en sitios como centros de convenciones y bases militares para enfrentar un aumento récord en el número de menores que cruzan la frontera entre México y Estados Unidos.

Los menores fueron entrevistados por defensores de los inmigrantes entre marzo y junio, y sus testimonios fueron presentados la tarde del lunes en una corte federal en Los Ángeles que supervisa el acuerdo que regula las condiciones de custodia para los menores que cruzan solos la frontera.

Durante semanas, los defensores han dicho que el gobierno de Biden está demorando demasiado en entregar a los menores a familiares en Estados Unidos y que las condiciones en algunas instalaciones de emergencia sin licencia son inadecuadas y alarmantes. Los gobiernos de Barack Obama y Donald Trump también se enfrentaron a desafíos relacionados con el cuidado de menores migrantes no acompañados.

El gobierno de Biden indicó que se han hecho mejoras significativas, como redoblar esfuerzos para reunir rápidamente a los menores con sus familias, o moverlos a instalaciones de estadía larga con licencia. Eso ha resultado en un descenso en la cantidad de menores en albergues de emergencia, de un máximo de aproximadamente 14.500 en abril a menos de 8.000 actualmente, según el Departamento de Salud y Servicios Humanos, la agencia a cargo de su cuidado.

En la base militar de Fort Bliss en El Paso, Texas, el albergue de emergencia más grande del gobierno, el número de menores se ha reducido de unos 4.800 a 1.600. Ahora hay actividades disponibles como clases de ejercicio y reuniones semanales con coordinadores de caso, además de una biblioteca en el sitio que los menores pueden visitar en cualquier momento, informó el departamento.

En sus testimonios, los menores — que no fueron identificados por nombre en los documentos — describen esperas de semanas o de más de un mes en instalaciones con poco qué hacer, educación mínima y sin saber cuándo podrán irse.

En Fort Bliss, la niña hondureña en vigilancia para prevención de suicidio dijo que prácticamente no podía dormir en la noche porque las luces siempre estaban encendidas y que se quedaba dormida durante el día. Contó que la comida era horrible, como ensalada pastosa y pan con olor repugnante, así que optó por sólo comer paletas y tomar jugo.

Agregó que mientras estaba en vigilancia para prevención de suicidio le quitaron los bolígrafos y lápices, y que los guardias observaban cada uno de sus movimientos, medidas cuya intención eran evitar que se lesionara a sí misma.

Le dijeron que si intentaba escapar podría pasar más tiempo detenida, agregó. Cuando presentó su testimonio, comentó que llevaba casi 60 días en la instalación y que no sabía cuándo podría irse a vivir a Nuevo México con su tío, quien le dijo que había completado los trámites para su liberación.

“He estado aquí durante mucho tiempo. Realmente me quiero ir”, dijo.

La cifra récord de menores migrantes no acompañados que han llegado al país ha puesto a prueba al gobierno de Biden, que detuvo a casi 60.000 de ellos entre febrero y mayo, muchos provenientes de Centroamérica.

El gobierno abrió más de una docena de sitios de alojamiento de emergencia esta primavera para dar rápida respuesta a la saturación de las instalaciones de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, una de las cuales tenía a 4.000 personas en un espacio destinado para 250 y mantenía a muchos durante semanas, mucho más tiempo del límite de tres días.

En los sitios de alojamiento de emergencia, se espera que los menores permanezcan durante una o dos semanas hasta que pueda reunírseles con parientes en Estados Unidos o puedan ser enviados a ubicaciones más estables, como instalaciones de acogida o albergues para estadías largas con licencia estatal.

Más de 2.100 menores fueron alojados en instalaciones de emergencia durante más de 40 días, y más de 2.600 por entre 21 y 40 días hasta finales de mayo, según el informe oficial de junio presentado en la corte. Aproximadamente un tercio de las camas de tutela temporal transicional siguen vacías, así como casi 600 camas en albergues con licencia, indica el reporte.

En los documentos presentados a la corte esta semana, los defensores cuestionaron por qué el gobierno mantiene a tantos menores en esos refugios sin licencia en lugar de colocarlos en instalaciones con licencia, o con tutores temporales.

Después de tantos meses, “sigue siendo un completo misterio para nosotros”, dijo Leecia Welch, directora de defensa legal y bienestar infantil en el Centro Nacional para el Derecho Juvenil y una de las abogadas de los menores en el caso federal. “Y no es por no hacer la pregunta. Simplemente no recibimos una respuesta”.

Esta semana está programada una audiencia con el juez federal que preside el caso.

Todos los albergues de emergencia deben proporcionar espacios limpios y cómodos para dormir, artículos de aseo personal, lavandería y acceso a servicios médicos y de salud mental, según el Departamento de Salud y Servicios Humanos. Los menores también pueden brindar retroalimentación de manera confidencial en buzones para comentarios.

El gobierno afirma que cerró los sitios que no cumplían con esos estándares y que está cerrando más conforme la necesidad decrece.

Sin embargo, los defensores temen que más menores podrían terminar en los sitios de alojamiento de emergencia sin licencia porque el gobernador de Texas, Greg Abbott, ha ordenado el cierre de los albergues con fondos federales que albergan a menores migrantes en el estado. El gobierno de Biden ha amenazado con emprender acciones legales si el gobernador republicano ejecuta la orden. Más de la mitad de los menores migrantes albergados por el gobierno de Estados Unidos en instalaciones con licencia están en Texas.

En una instalación en Houston que ya cerró, la salvadoreña de 17 años dijo que no pudo ducharse durante ocho días y le dijeron que diera la vuelta a su ropa interior porque no había lavandería. Agregó que los menores tenían limitado el uso del sanitario y que lloraba durante las noches.

“Pasábamos casi todo el día en nuestras camas en Houston porque no había nada más que hacer”, comentó. “Me sentía muy desesperada”.