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Las Mundiales miércoles, 15 de julio de 2020

356 elefantes murieron de pronto, y la causa es un misterio

Aún no hay pruebas de que las muertes hayan sido causadas con dolor por los humanos, agregó.

  • 356 elefantes murieron de pronto, y la causa es un misterio

    Una foto sin fecha proporcionada por la organización sin fines de lucro National Park Rescue de un cadáver en el delta del Okavango de Botsuana, donde 356 elefantes han muerto en meses recientes. (National Park Rescue/vía The New York Times)

The New York Times
África

El 25 de mayo, los conservacionistas estaban sobrevolando la franja del Okavango de Botsuana cuando vieron algo perturbador: 169 elefantes muertos. Un segundo vuelo en junio reveló más cadáveres, por lo que el total aumentó a 356. Algunos de los animales parecían haber muerto de pronto, al caer sobre su pecho mientras caminaban o corrían. No les quitaron los colmillos, lo cual sugiere que quizá no se debió a la caza furtiva.

Sin embargo, los expertos no tenían muchas pistas para saber si la causa era algo siniestro, como envenenamiento, o una enfermedad adquirida de manera natural de la que los elefantes se recuperarán.

“Conforme crecen las poblaciones de elefantes, es más probable que haya muertes masivas, probablemente a una mayor escala que esta”, comentó Chris Thouless, dirigente de investigaciones de Save the Elephants, una organización conservacionista con sede en Kenia. “La muerte no es divertida, pero les llega a todos los seres vivos”.

No obstante, otros conservacionistas expresaron una mayor preocupación.

“En Botsuana, los elefantes enfrentan una enorme crisis”, comentó Mark Hiley, director de operaciones de rescate de National Park Rescue, una organización sin fines de lucro con sede en el Reino Unido que combate la caza furtiva en África. “Lo más importante ahora es que un equipo independiente visite la zona —que tome muestras de varios cadáveres, del suelo y de las vías fluviales— e identifique qué está causando las muertes”.

Los investigadores de Elephants Without Borders, el grupo conservacionista de Botsuana que llevó a cabo los vuelos en los que se documentó el problema, observaron a algunos elefantes que parecían estar desorientados, incluyendo a uno que estaba caminando en círculos. Otros estaban arrastrando las patas traseras, como si estuvieran paralizados, y otros más parecían aletargados y demacrados. Machos y hembras, jóvenes y viejos: la afectación no hacía distinciones.

Botsuana es hogar de casi 130.000 elefantes de sabana, o casi un tercio de la población restante del mundo. Aunque hay algunas señales de que la caza furtiva de elefantes y rinocerontes quizá esté aumentando en el lugar, muchos conservacionistas aún consideran que el país es un refugio seguro y esencial para los elefantes.

En un informe enviado a los funcionarios de gobierno, Elephants Without Borders calculó que esta serie de muertes misteriosas comenzó al menos desde marzo. El número total de elefantes muertos casi con seguridad supera la cifra de 356, escriben los autores, porque sus vuelos no cubrieron toda la zona afectada.

Algunos conservacionistas dicen que el gobierno del país no se está tomando muy en serio las muertes. Los funcionarios recogieron muestras de los elefantes muertos para llevar a cabo pruebas en mayo, pero aún no han emitido los resultados.

“Esto comenzó hace meses y, para este momento, el gobierno debería ser capaz de decirles claramente a todos de qué se trata”, comentó Hiley. “Hay muchos laboratorios de prestigio que podrían dar un resultado”. Los retrasos en las pruebas, agregó, “literalmente podrían estar matando a los elefantes”.

Mmadi Reuben, el veterinario principal del Departamento de Vida Silvestre y Parques Nacionales de Botsuana, dijo que el gobierno se estaba tomando en serio las muertes y había respondido “de manera veloz, adecuada y responsable”.

Dijo que algunas pruebas han descartado causas comunes como el ántrax, que es causado por bacterias que viven de manera natural en el suelo. Él y sus colegas ahora están trabajando con laboratorios en Zimbabue, Sudáfrica y Canadá para realizar más pruebas. “No será algo de una sola ocasión en la que digamos: ‘Hemos enviado las muestras. Ya acabamos’”, dijo Reuben. “Es un diálogo continuo con distintos laboratorios”.

Aún no hay pruebas de que las muertes hayan sido causadas con dolor por los humanos, agregó.

El cianuro, que los cazadores furtivos a veces usan para envenenar a los elefantes, parece una causa poco probable, porque los cadáveres suelen estar agrupados juntos donde se usó el veneno. También suele matar a otros animales, pero ninguna otra especie parece haberse visto afectada en este caso. No obstante, es posible que pudieran usarse otros venenos para matar a los elefantes, y Hiley dice que algunos de ellos pueden disiparse rápidamente.

La COVID-19, agregó, era otra causa poco probable, porque la enfermedad aún no ha infectado a los pobladores de las comunidades del Okavango. Aún no hay pruebas de que los elefantes puedan contraer el virus.

Thouless sospecha que una enfermedad natural sea la causa más probable. Un candidato principal es la encefalomiocarditis, una infección viral que puede ser transmitida por roedores y puede causar síntomas neurológicos. Mató a casi 60 elefantes en el Parque Nacional Kruger de Sudáfrica a mediados de la década de 1990. Botsuana hace poco también salió de una sequía, que pudo haber dejado estresados y más susceptibles a enfermedades a algunos elefantes, comentó Thouless.

En este momento, continuó, las muertes no constituyen una crisis de conservación, porque los números documentados hasta ahora representan un pequeño porcentaje de los 15.000 a 20.000 elefantes que viven en la franja del Okavango. “Esto es angustiante, pero actualmente es trivial en términos de las poblaciones”, señaló.

Los ejemplos del pasado también muestran que, cuando las condiciones son favorables, los elefantes pueden recuperarse rápidamente. En 1970 y 1971, por ejemplo, una sequía en el Parque Nacional de Tsavo Oriental en Kenia acabó con 5900 de los 35.000 elefantes del parque, según cálculos. Para 1973, la población contaba con 35.000 especímenes de nuevo.

“Hay un límite en la cantidad de intervenciones que vale la pena realizar en la naturaleza”, dijo Thouless. “Puedes llevar a cabo una gran cantidad de esfuerzos sin lograr nada distinto en términos de conservación”.