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Las Mundiales jueves, 23 de abril de 2020

Indígenas colombianos buscan proteger el "corazón del mundo" del coronavirus

  • Indígenas colombianos buscan proteger el "corazón del mundo" del coronavirus
EFE
Colombia

En la Sierra Nevada de Santa Marta, en el caribe colombiano, las comunidades indígenas se organizan para que el coronavirus no llegue a ese macizo montañoso al que ellos llaman el "corazón del mundo".

Dirigidas por los "mamos", líderes espirituales que tienen la responsabilidad de "mantener el orden natural del planeta", las comunidades de arhuacos, wiwas, koguis y kankuamos advierten que con el primer caso de contagio que aparezca en las faldas de la Sierra Nevada llegarán muchas calamidades.

Estos pueblos se autodenominan los "hermanos mayores" y se refieren al resto del mundo como los "hermanos menores", a quienes atribuyen la causa de los males que, como el COVID-19, ponen en peligro la frágil armonía del planeta.

"De alguna u otra forma el hombre hace tantos inventos que está contra la misma naturaleza y la madre tierra reclama, hace su propia justicia", manifiesta Dagoberto Izquierdo, encargado de la pequeña escuela en donde reciben clases los niños de la zona.

Izquierdo explica que para sus comunidades el coronavirus es una amenaza que puede llegar a acabar con los habitantes de la Sierra Nevada de Santa Marta, que con sus dos picos que superan los 5.500 metros, es la mayor elevación montañosa del mundo frente al mar.

Dagoberto Izquierdo fue uno de los encargados de coordinar las entregas a su gente de las ayudas humanitarias que la Gobernación del Magdalena, uno de los tres departamentos colombianos en cuyo territorio está la Sierra Nevada de Santa Marta, llevó hasta las estribaciones de la montaña en helicópteros de la Policía.

COMUNIDADES EN RIESGO

Desde hace varias semanas las organizaciones indígenas de todo el país están advirtiendo del gran riesgo que corren por cuenta del coronavirus y, en la Sierra Nevada de Santa Marta, los diferentes resguardos pidieron al Gobierno nacional y regional que los asistan con alimentos que ahora escasean.

El gobernador del Magdalena, Carlos Caicedo, había pedido a la Policía y al Ejército helicópteros para transportar 24 toneladas de ayudas que solo ayer pudieron ser enviados a la zona.

En estos helicópteros las autoridades entregan los alimentos que permitirán a los indígenas quedarse en sus territorios y no tener que salir de la zona de la sierra a comercializar sus productos.

El primer helicóptero aterrizó en un sitio llamado Windiwia, un asentamiento arhuaco en el que viven unas treinta familias en la cuenca del río Fundación, adonde llegaron decenas de indígenas de otros caseríos para recibir los víveres.

Caicedo explicó que entre los arhuacos de la sierra hay unas 25 comunidades que requieren apoyo del Estado para garantizar su seguridad alimenticia y poder cumplir la cuarentena obligatoria que rige en el país.

Además de las 24 toneladas de alimentos para los 3.500 indígenas de la zona, la Gobernación también está apoyando a la comunidad Chimila en el resguardo Issa Oristunna, ubicado en el sector de Sabanas de San Ángel, en el centro del departamento.

LA MISMA FAMILIA INDÍGENA

Para Juan Izquierdo, perteneciente a la comunidad Gunsei, su responsabilidad es garantizar que ahora esas ayudas lleguen a todas las familias necesitadas.

"Es muy importante que nos tengan en cuenta como comunidad y como familia que hacemos parte del río Fundación", agregó al advertir sobre las múltiples dificultades que como pueblo indígena han tenido a lo largo de la historia.

La Gobernación del Magdalena dijo haber ha entregado "cerca de 14.000 mercados en el departamento, los cuales han beneficiado a más de 70.000 personas de las poblaciones más vulnerables".

Las comunidades indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta son descendientes de los tayronas, civilización prehispánica que desde la época de la Conquista no solo ha perdido su territorio y costumbres, sino que ha sido diezmada por el abandono y las enfermedades.

Los arhuacos, a cuyos varones se distingue por sus gorros blancos con forma cónica, han organizado un movimiento político para defender sus derechos.


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