Fábulas en alta voz
La justicia social ni olvida, ni perdona
Hoy, ese monstruo que lloraba la partida de su primito junto a todos sus familiares, ya está libre. Pagó su condena de 30 años, es cierto, pero en el aire queda una pregunta: ¿Ha olvidado y perdonado la sociedad ese crimen atroz?
Marta Quéliz, editora L2
El tres de mayo de 1996, aún sin redes sociales, todos los dominicanos nos enteramos de que el niño José Rafael Llenas Aybar había desaparecido.
Sólo se tenía la falsa hipótesis de que su primo Mario José Rededondo Llenas y su amigo Juan Manuel Moliné lo habían dejado en la Bolera.
Al día siguiente, encontraron su cuerpo, y la historia ya todos la conocemos. El país hizo silencio y lloró a un inocente que, aunque no lo conocíamos, nos unió a todos en un duelo colectivo.
Hoy, ese monstruo que lloraba la partida de su primito junto a todos sus familiares, ya está libre. Pagó su condena de 30 años, es cierto, pero en el aire queda una pregunta: ¿Ha olvidado y perdonado la sociedad ese crimen atroz?
La respuesta
Las tres décadas que han pasado después de aquellos hechos: primero su desaparición, luego la noticia de que había sido asesinado, y más tarde saber que fue su propio primo el autor de las 34 puñaladas que le arrabataron la vida no han sido suficientes para borrar de la mente el dolor sentido por quienes vivimos esos angustiantes momentos.
A veces la justicia penal no nos parece justa para condenar a alguien que se atreva a tanto, y más a un tratándose de un niño que fue engañado, que confió en su pariente, que no pudo defenderse, y que no pudo disfrutar de la vida.
Fue un crimen que también “mató” la unión de esas familias y, que a pesar de transcurrir tanto tiempo, éste no ha bastado para sanar tantas heridas.
Un viaje donde la justicia es justa
Para mí, ha sido imposible pasar por alto aquel hecho, y más que, en ese entonces estaba recién estrenándome como madre.
Por eso, con los recuerdos dolorosos que con la libertad de su védugo vuelven a nuestra memoria, quise hacer un viajecito a una ciudad fabulosa donde los niños son sagrados, y la unión familiar debe preservarse por encima de lo que sea.
En este lugar, hay régimen de consecuencias duros para quienes vulneren esta costumbre y violenten las leyes de la comunidad.
De por vida deben pagar un precio bien alto por ello. Aquí las condenas son justas. Hay los que no alcanzan a contar la cantidad de años que deben purgar en una cárcel.
Existen quienes no sabrán jamás lo que es ser libre. Y por supuesto, hay los que no viven para contarlo.
Buscando un consuelo fabuloso
Volví a la realidad cuando escuché a Mario José Redondo Llenas decir que está arrepentido y pidiendo perdón a la familia y a la sociedad por el horrendo crimen que cometió contra su primo José Rafael Llenas Aybar, de 12 años de edad.
Prefiero creer en sus palabras, porque ante los ojos de Dios, es importante el arrepentimiento y el perdón, pero sé que, aunque haya pasado 30 años tras las rejas, para los dominicanos nunca será un castigo suficiente, por lo que en su “libertad” cargará con el peso de la condena social, la cual ni olvida, ni perdona.

