Los Que No Se Rinden
Geidy Saint Amand: la embalsamadora dominicana que triunfa en Estados Unidos
Emigró a Estados Unidos cuando tenía 28 años. Pasó trabajo. En su bolsillo sólo llevaba 200 dólares, pero no se rindió y por eso logró, no sólo superarse, sino tener su propio negocio de servicio.
Geidy Saint Amand es directora de una funeraria y embalsamadora
A los 11 años Geidy Adalgisa Viola Lara conoció el duelo de cerca. A esa edad perdió a su padre y, pese a ser una niña, pudo entender que el duelo existe, que es real, y que hay que aprender a vivirlo.
Tan marcada quedó que, la mejor forma de ayudarse a “no ahogarse” en esa laguna que dejó la ausencia de su papá, fue practicando la empatía.
Esta dominicana nacida en San Cristóbal, nunca imaginó que el duelo que vivió de niña, la llevaría a tener como pasión, trabajar en el área funeraria.
Hoy, Geidy Saint Amand, como todos conocen, es la directora funeraria en en Island Memorial Funeral Home New Jersey. Ahí trabaja desde el año 2015.
Emigró a Estados Unidos cuando tenía 28 años. “Recuerdo que sólo me acompañaban 200 dólares”. La situación no la atormentaba. Junto a ese monto la acompañaba una maleta de sueños que, poco a poco, fue cumpliendo con esfuerzo, sacrificio, entrega y dedicación.
Para rendirse ha tenido más que razones reales. “He enfrentado pérdidas, situaciones migratorias, infertilidad y procesos emocionales profundos, pero aún así, decidí seguir. Elegí ver esos momentos como puntos de transformación, no como finales. No me rindo porque entendí algo muy temprano: rendirme, no sólo me afecta a mí, sino que le quita esperanza a alguien más que está mirando mi historia para creer en la suya”. Su convicción es profunda y, sin duda, una muestra más de que sabe ponerse en los zapatos del otro.
Ejemplo a seguir
Para ejercer como directora funeraria y embalsamadora aprobó cuatro exámenes rigurosos: dos nacionales y dos estatales.
Que sea dueña de una fortaleza admirable no nació de la noche a la mañana. Dos mujeres tienen el crédito de su formación. Al perder a su padre siendo una niña, su madre y su abuela, ambas madres solteras, se dedicaron a criar a Geidy.
“Ellas me enseñaban a decidir cada día que el dolor no era mi destino. Saber tomar decisiones fue lo que heredé. No resignación”. El tiempo pasaba y, conforme a él, esta mujer tenía más motivos para no tirar la toalla.
“Eso fue lo que aprendí de ellas. En cada camino por recorrer tengo claro que debo seguir hacia delante, sin dejarme vencer, pues si lo permito es como rendirme a mis hijas, a mis hermanas, y a todas las mujeres que me ven y necesitan creer que es posible”. Cierra la cita con una pregunta: “Si yo me rindo, ¿quién va a levantar a la siguiente mujer que está en mis zapatos?
Sus luchas
Para ahora expresar esas palabras de poder, Geidy admite que ha tenido que afrontar sus luchas, las que de inmediato define: “¡No son dramas. Son lecciones!".
Cada una de ellas la obligó a convertirse en una mujer que no tenía otra opción más que crecer. Ha sufrido por infertilidad. Vivió el nacimiento prematuro de su hija en condiciones médicas críticas.
En su infancia las carencias eran su realidad, pero no la barrera que apuntaba a romper su visión de superación.
Estudiar era la meta. “A pesar de las limitaciones, fui una niña soñadora. Me apasionaba el baloncesto y las manualidades. Mi abuela me enseñó a bordar con paciencia y amor. Esos detalles pequeños construyeron la mujer que soy hoy. También, gracias a sus esfuerzos, pude estudiar en colegios privados, con las becas que ella me gestionaba a través de la iglesia”.
Hoy, es madre de Emily. Es una mujer de batalla que también trabaja junto a su esposo en el negocio familiar, formando un equipo en lo personal y lo profesional.
Familia de Geidy Saint Amand
“Desde lo que hago trabajando diariamente con la pérdida y el duelo, la muerte me ha enseñado a valorar la vida”. Guía a otros a hacerlo lo propio.
“La muerte me enseñó a valorar la vida”
A pesar de todos los momentos duros que ha vivido Geidy Saint Amand, con determinación admite: “Volvería a repetir el momento en que emigré a Estados Unidos, donde llegué sola, con una visa y muchos sueños. Fue un acto de fe absoluto que lo cambió todo”.
También volvería a elegir la profesión del área funeraria y embalsamadora, y a trabajar diariamente con la pérdida y el duelo. “Porque la muerte me enseñó a valorar la vida”. Repite.
La pasión por lo que hace, la mueve a esto. Con más de una década de experiencia acompañando a familias en momentos de pérdida, ella ha desarrollado una comprensión íntima del dolor humano desde una perspectiva tanto profesional como personal.
“Hoy dirijo Island Memorial, soy autora, agente de seguros, codirectora del podcast ‘Metamorfosis’, y continúo formándome como tanatóloga certificada por ADEC. Soy, hasta ahora, la única mujer dominicana en Nueva Jersey en esta posición. Es levantarse cada mañana y decir: ‘Mi historia tiene propósito’. Eso no es coincidencia”. Para realizar este tipo de trabajo, se formó en Servicios Funerarios en Eastwick College, Nueva Jersey.
Para ejercer como directora funeraria y embalsamadora aprobó cuatro exámenes rigurosos: dos nacionales y dos estatales. Esto refleja el alto nivel de regulación de esta profesión.
“Mi decisión de entrar en este campo fue personal y consciente. Aunque provengo de un entorno con tradición funeraria, fue trabajar directamente con familias en momentos de pérdida lo que realmente me llamó”. Con esto descubrió que no es sólo una profesión, es un llamado.
Acompañar a una familia en uno de sus momentos más difíciles, ayudarle a navegar procesos emocionales y legales complejos, “me permitió entender que este es un servicio profundamente humano”. Este tipo de atención es como enseñarles a los dolientes que la fortaleza no es aguantar, es sanar.
Lo que ha forjado
Gracias a sus esfuerzos, pudo estudiar en colegios privados con las becas que gestionaba su familia, a través de la iglesia.
Esas luchas que ha librado y que la han enseñado a valorarse como persona y por igual, tratar a los demás como tal, la han llevado a trabajar por el prójimo más allá de acompañarle en los servicios funerarios que requieren.
“Creé el Island Memorial Funeral Home en East Orange, Nueva Jersey, un espacio que hemos construido como refugio compasivo para familias”. Surgió con la idea de dar seguimiento a los dolientes.
Esta mujer, agente de Seguros de Vida, y coach de duelo, es autora de dos diarios transformacionales: ‘Legado de Amor’, que trata de la conexión con la historia personal y el legado emocional, y de ‘Sanación y Propósito’, dirigido a mujeres que buscan reencontrarse, sanar y reconstruirse desde su verdadero valor.
Además, creó ‘Legado Infinito’, una plataforma educativa sobre servicios funerarios, duelo, celebración de vida, gastos finales y educación emocional. “Es que mi misión no es sólo acompañar la muerte, es educar sobre la vida antes de que sea demasiado tarde”. Es empática.
Después de sacrificios, y de enfrentar procesos fuertes de adaptación y de miedos, a Geidy Saint Amand la hace feliz saber que hoy tiene las herramientas para vencer las barreras y para ayudar a otros a hacer lo propio.
“Tengo terapia, tengo consciencia y tengo la misión de asegurar que otras mujeres no tengan que sufrir por décadas para encontrar esas herramientas como yo tuve que hacerlo”. Estar clara en este aspecto la lleva a decretar que, su mayor logro ha sido convertirse en la mujer consciente que es hoy.
Cuando salió del país
Estaba pendiente dar detalles de su estado migratorio, y esta mujer que no se rinde, no quiso dar el tema por sentado.
“Mi historia migratoria es compleja. Desde joven viví entre República Dominicana e Islas Bahamas. Cuando emigré definitivamente a Estados Unidos, llegué sin familia directa y enfrentando un proceso profundamente retador”. No fue sólo un cambio de ubicación geográfica, fue una reinvención total de identidad.
Tuvo que adaptarse a un nuevo idioma, a nuevas leyes y a una nueva cultura. “Comencé de cero en un entorno desconocido, sin la red de apoyo que dejé atrás. Eso te cambia a nivel fundamental. Mi objetivo era lograr estabilidad económica, crecer profesionalmente y abrir nuevas oportunidades”.
Como muchos inmigrantes, salió con la idea de que el camino sería más fácil, pero encontró una realidad que exigía adaptación, disciplina extrema y resiliencia.
“Hubo momentos de escasez, incertidumbre y dudas profundas. Pero nunca me rendí. Uno de mis mayores sueños era traer a mi madre a vivir conmigo, y hoy, gracias a Dios, ese sueño es realidad”.
Su testimonio de vida la lleva enviar un mensaje a los jóvenes: “No se rindan, aunque ahora no vean la salida. No permitan que su historia, su entorno o la opinión de otros los definan. Busquen conocerse, crecer y aprovechar cada oportunidad”. Les recuerda que la vida no está garantizada.

