educación

¿Se puede aprender a emprender? Claves desde la educación superior

El profesional con mentalidad emprendedora es aquel con capacidad de innovar, liderar y generar valor en cualquier entorno, ya sea con su propia empresa o aportando desde dentro de una organización.

Fomentar esta mentalidad en los talentos es clave para avanzar hacia organizaciones más innovadoras, competitivas y capaces de responder a los cambios del entorno, impactando tanto al sector empresarial como al público y social.

Fomentar esta mentalidad en los talentos es clave para avanzar hacia organizaciones más innovadoras, competitivas y capaces de responder a los cambios del entornoFuente externa

No todos los profesionales están igual de preparados para avanzar y tener éxito, incluso cuando estén formados en la misma área de estudio. La brecha no es de conocimiento, sino de actitud, de mindset (mentalidad).

Lo que realmente marca la diferencia entre unos y otros es la capacidad de ver oportunidades y soluciones en vez de límites, de tener iniciativa, de actuar, incluso, sin instrucciones claras; de adaptarse y aprender constantemente. Todo esto es propio de la mentalidad emprendedora.

Aquí surge la pregunta: ¿cualquiera puede tener esta mentalidad? ¿ser emprendedor o emprendedora es un talento con el que se nace o una competencia que puede aprenderse?

 La licenciada Madelin Martínez, docente universitaria y mentora de emprendimiento, asegura que ambas son correctas; desde su experiencia en las aulas, el emprendedor “nace y se hace”.

“Los estudiantes llegan con talentos y potenciales, en muchos casos, que aún no están del todo desarrollados. Sin embargo, a través de la práctica, trabajos de campo, mentoría, interacción con sus compañeros y presentaciones, van fortaleciendo habilidades clave como la comunicación, la creatividad y la toma de decisiones. Desde la academia, evidenciamos que el entorno educativo permite transformar ese talento inicial en una competencia emprendedora real”, explica.

El emprendimiento es una habilidad transversal que hace toda la diferencia en un mercado laboral que cambia vertiginosamente. 

Martínez, quien es coordinadora del Centro de Innovación para el Desarrollo Empresarial y Emprendimiento (CIDE) de la Universidad Iberoamericana, Unibe, dice que estamos equivocados cuando pensamos que el emprendimiento es solamente crear un negocio. 

El profesional con mentalidad emprendedora es aquel con capacidad de innovar, liderar y generar valor en cualquier entorno, ya sea con su propia empresa o aportando desde dentro de una organización.

Esto es algo que en esta casa de altos estudios se trabaja con intencionalidad, enseñando a los estudiantes de todas las carreras cómo pueden hacer realidad sus ideas de negocio y cómo pueden emprender también desde dentro de las organizaciones, a través del intraemprendimiento o emprendimiento corporativo.

 “Este tipo de emprendimiento permite que el profesional, aun siendo empleado, pueda crear valor desde la empresa, desarrollando productos, servicios y soluciones innovadoras que mejoren la vida de las personas y, a la vez, contribuyan a que la institución crezca, venda y se posicione”, explica.

Intencionalidad en la educación emprendedora

Fomentar esta mentalidad en los talentos es clave para avanzar hacia organizaciones más innovadoras, competitivas y capaces de responder a los cambios del entorno, impactando tanto al sector empresarial como al público y social.

Las instituciones de educación superior tienen la responsabilidad de formar los profesionales que demandan nuestras sociedades, desarrollando habilidades fundamentales como la innovación, la creatividad, la resolución de problemas y la adaptabilidad en sus estudiantes.

La malla curricular está diseñada para esto, sin embargo, Madelin Martínez aclara que para desarrollar intencionalmente la mentalidad emprendedora (que conlleva todas estas competencias) no basta solo con el contenido, sino con la forma en que se enseña. 

“En Unibe, a través del CIDE, se promueve que los estudiantes creen ideas y aprendan a generar valor desde distintos contextos, incluyendo entornos organizacionales. Esto se logra mediante metodologías prácticas como el aprendizaje basado en proyectos, mentorías, trabajo de campo y el desarrollo de soluciones reales, donde ellos aprenden a identificar oportunidades, proponer mejoras y crear iniciativas que pueden implementarse dentro de empresas”, asegura.

De esta manera, la universidad no solo forma emprendedores para crear negocios, sino profesionales capaces de innovar y aportar valor desde donde estén. 

Porque hay muchas formas de desarrollar el espíritu emprendedor en las aulas, pero el aprendizaje experiencial es lo que realmente lo impulsa y lo fortalece.

Tags relacionados