la mujer en la religión
Mujer e iglesia: una extraña y compleja relación
El reto actual consiste en construir comunidades donde la fe se practique desde la igualdad, el diálogo y la cooperación
La presencia de las mujeres en los colectivos religiosos, de cualquier denominación, es evidente
La participación de la mujer en la religión y, por ende en las iglesias, es una problemática de larga data y que, indudablemente, ha afectado y sigue afectando la historia, la cultura y la espiritualidad de los pueblos.
Desde épocas ancestrales, la figura femenina ha estado estrechamente vinculada al misterio de lo sagrado, aportando sabiduría y fortaleza a la vida religiosa de los pueblos.
Sin embargo, con el devenir de los tiempos, la relación entre género y religión ha estado caracterizada por una serie de tensiones, silencios y transformaciones. Esa relación se ha sustentado en base a una dinámica compleja, llena de paradojas y ambivalencias.
La presencia de las mujeres en los colectivos religiosos, de cualquier denominación, es evidente. Su devoción y lealtad religiosa es bastante obvia. Ellas son religiosamente activas y cuantitativamente importantes como parte de la feligresía.
Además, realizan tareas que les son asignadas por la jerarquía eclesiástica, la cual es responsable de tomar decisiones no sólo respecto a los asuntos dogmáticos o de fe, sino que también regula o controla los aspectos administrativos.
Al observar detenidamente las tareas y roles asignados a las mujeres que profesan una determinada religión, se puede colegir que están estrechamente vinculadas al papel que desempeñan en el ámbito doméstico.
En algunas denominaciones religiosas, la membresía femenina ocupa un sitial realmente subordinado con relación a los hombres, quienes ostentan las posiciones de mayor autoridad y relevancia.
Desde las primeras civilizaciones, las mujeres han tenido una relación especial con lo divino, una vinculación profunda con lo sagrado. Las culturas originarias asumían la figura femenina como símbolo de vida, fertilidad, creación.
Los cultos a la diosa madre, las sacerdotisas, las guardianas de los templos representaban el poder generador de la vida y el equilibrio del cosmos. Sin embargo, con la aparición, expansión y consolidación del monoteísmo, esa representación simbólica se transformó.
La divinidad pasó a ser concebida desde una visión predominantemente masculina y patriarcal, y la mujer pasó a ocupar un lugar subordinado en las jerarquías religiosas.
Durante siglos, la participación de la mujer en las estructuras religiosas formales ha sido objeto de debate. A pesar de su incuestionable contribución a las diferentes corrientes religiosas, cuando se observa la dinámica interna de dichos espacios, queda al descubierto una relación ambivalente.
Por un lado, se observa la exclusión sistemática de mujeres de las instancias de mayor responsabilidad y autoridad, tanto a nivel administrativo como ministerial. Y, por otra parte, se puede constatar una cantidad importante de ellas involucradas en procesos educativos, tareas de asistencia social y labores comunitarias.
En el catolicismo, por ejemplo, las monjas han gerenciado centros de evangelización, salud, educación y asistencia social, sosteniendo gran parte de la vida pastoral y misionera.
Mientras que, en la Iglesia Episcopal Anglicana, sus afiliadas ocupan cargos de responsabilidad y máxima autoridad tanto en el orden administrativo como eclesiástico.
También, un segmento de las iglesias de naturaleza protestante, particularmente las pentecostales, aceptan a mujeres ejerciendo como pastoras. Otras denominaciones no permiten que las mujeres ejerzan como ministras porque, según ellos, eso no está establecido en las Sagradas Escrituras.
El reto actual consiste en construir comunidades donde la fe se practique desde la igualdad, el diálogo y la cooperación.
La Iglesia de hoy está compelida a entender que la espiritualidad no es exclusiva de un género en particular, sino que toda comunidad se enriquece cuando sus miembros logran aunar esfuerzos para alcanzar su pleno potencial y desarrollo.

