Fábulas en alta voz
Un doloroso adiós a Felicito
Despedir a Felicito, quien nos dejó sin avisar, fue una gran estocada para todos nosotros, para sus hijos, sus nietos, para su amada esposa Tata, y para la comunidad de La Sabina que tanto respeto le dispensó y que lo despidió con una calidez que habla muy bien de lo que en vida, él se ganó.
No es necesario compartir la misma sangre para que el amor fraterno sea inmenso, verdadero y para siempre. Bernardo Jiménez (Felicito) llegó a nuestra familia siendo apenas un niño. Creció y se crio jugando y haciendo travesuras con mis hermanos.
Su madre Sunilda (Suna), entró a nuestra casa con él pequeño y mis padres lo acogieron como si fuera un hijo más. Yo, que soy la número 13 de los 14 que somos, no había nacido al igual que muchos de mis hermanos.
Es decir, que Felicito ocupó un puesto delantero entre los Quéliz Durán. Hoy duele decirle adiós. Su partida rompe el corazón, pero nos deja la paz y la tranquilidad que sólo da el deber cumplido.
Nunca lo echamos a un lado
Despedir a Felicito, quien nos dejó sin avisar, fue una gran estocada para todos nosotros, para sus hijos, sus nietos, para su amada esposa Tata, y para la comunidad de La Sabina que tanto respeto le dispensó y que lo despidió con una calidez que habla muy bien de lo que en vida, él se ganó.
En medio de la tristeza, nos reconforta saber que se fue a los brazos del Señor agradecido de que nunca lo desamparamos. Gritaba a los cuatro vientos que éramos sus hermanos y que contaba con nosotros. La gente nos lo ha hecho saber siempre, y ahora lo ha utilizado para consolarnos ante su partida.
Su última nota de voz
“Buen día, buen día, mi hermana, mi hermana, mi hermana. Cómo están todos por ahí. Supe que hay muchos que están malos de esa gripe que anda. Cuídense mucho, está dando muy mala. Salúdame a los muchachos, al nieto… Por aquí estamos bien, aunque no puedo montarme en el motor porque me duele la columna, pero vamos mejorando a ver cómo pasamos a la Navidad…”. Escuchar ese último audio parte mi corazón.
Dios le permitió disfrutar de la Nochebuena, pero no del fin de año, fecha que disfrutaba cocinando él mismo la comida a degustar el 31. Hubo ocasiones en que pudimos acompañarlo a degustar su gallina asada. Eso y muchos otros recuerdos perdurarán en nuestro corazón para siempre.
Un viaje fabuloso para él
Hoy sólo queremos que Felicito haya sido acogido en la morada del Señor. Sabemos que se fue ligero. Nunca le hizo daño a nadie. Sólo sabía echarles la bendición a las personas. Siempre sonriendo, nunca de mal humor. Por eso sabemos que se marchó a un viaje fabuloso.
Eso sí, dejándonos a nosotros mucha tristeza, pero a la vez, muchos motivos para recordarlo siempre. Atesoramos las risas compartidas, su afán por buscar verduras para que nos la trajéramos a la capital, así como esos momentos cuando mis hermanos contemporáneos con él traen a colación “la goma laca”, un término inventado por él durante la explicación de una clase, o cuando vestido de gala se cayó en la piscina del lugar donde se celebraba la graduación de mi hijo Manuel Enrique.
De verdad que, con su partida se nos va parte de nuestra historia. Ahora, sólo nos reconforta saber que se reencuentra con tantos seres queridos que han partido y que él amó y lo amaron. Descansa en paz, Felicito querido.

