realidad y fantasía

La visita del bisnieto

Desde que sonó el citófono, Emma salió disparada a la puerta. Quería ser la primera en recibir al bebé, ¡como si tuviera el derecho del bisabuelato!, pensé para mis adentros. Pero luego reflexioné y me di cuenta de que para ella, el hijo de uno de sus “nietos”era, naturalmente, también su bisnieto.

Maria Cristina de Carias

Maria Cristina de CariasFuente externa

Emma se enteró de la visita la noche anterior. Estuvo barriendo y trapeando como hasta la una de la mañana. No hubo forma de hacerla suspender su apresurado oficio. Finalmente, el cansancio la obligo a cambiar el trapero por la cama.

Aunque me levante temprano, ya estaba Emma trajinando en la cocina, tenía una lista de lo que le gustaba o no a cada uno de los nietos, los que ella considera de su propiedad. Conoce sus costumbres, sus gustos y hasta los nombres de novios y novias.

Aunque le advertí que la nieta mayor, la madre del bisnieto, llegaría para preparar las fabulosas arepas de la tierra de su abuela, Emma se frunció de hombros y me dijo que haría falta el café, los huevos revueltos o fritos, los jugos recién preparados y las frutas, muchas, de todos los sabores y colores.

Salí de la cocina para preparar la mesa en el patio que deslumbra en estos días, debido a la cantidad de lluvia regalada por diciembre como obsequio de Navidad.

Desde que sonó el citófono, Emma salió disparada a la puerta. Quería ser la primera en recibir al bebé, ¡como si tuviera el derecho del bisabuelato!, pensé para mis adentros. Pero luego reflexioné y me di cuenta de que para ella, el hijo de uno de sus “nietos”era, naturalmente, también su bisnieto.

La cuestión se resolvió cuando el bebé se acunó muy confortable en los brazos de Emma. Sentí una envidia horrible que trate de disimular con la mejor de mis sonrisas, de esas que se ensayan ante el espejo para recibir a alguien importante o que no se conozca mucho. Después no tuvo más remedio que cederme el turno, no porque quisiera, sino porque algo se estaba quemando en el fogón.

Ni que decir que el desayuno, resultó un triunfo; las arepas no sufrieron quemaduras. Cada cual comió lo que le apeteció y Emma arrulló al bebé, en tanto participábamos del banquete.

Después, le arranco a la madre primeriza la promesa de una visita semanal, por lo menos.

Todos partieron contentos y satisfechos. Mientras Emma y yo quedábamos con el hermoso bebé retratado en la retina y en muchísimas fotos tomadas por los celulares.

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