fábulas en alta voz 

Cuando tu silencio tiene más peso que tus palabras

“Yo me sentía que siempre le estaba ladrando a la luna cuando decía, proponía o reclamaba algo. Me ignoraban, me convertían en el hazmerreír de todos, y hubo gente que hasta me humilló”.

Marta Quéliz, editora L2

Marta Quéliz, editora L2

Literalmente, a veces callando somos más escuchados que cuando hablamos. Sé que a muchos les ha pasado que, en determinados momentos emiten opiniones al aire, hacen reclamos a sordos y mudos, y, no es menos cierto que, hasta se dirigen a personas, que no sólo ignoran lo que tú les dices, sino que si prestan atención, es para burlarse o ridiculizarte. 

Estas actitudes desmoralizan al más fuerte en asuntos de emociones. Pero para afrontar estas situaciones, hay un arma que es más letal y efectiva que la propia forma descortés que muestran quienes no te escuchan. Se llama silencio.

“Ladrándole a luna”

Esta frase es de un joven que, quejándose de lo poco que valían sus palabras en su trabajo, decidió hacer uso del silencio. “Yo me sentía que siempre le estaba ladrando a la luna cuando decía, proponía o reclamaba algo. Me ignoraban, me convertían en el hazmerreír de todos, y hubo gente que hasta me humilló”. 

Cuando él decidió no hablar, todos, incluyendo la alta gerencia de donde trabajaba, se preguntaban qué le había pasado al muchacho que por largo tiempo fue ignorado. Su mudez fue tal que, en los últimos meses que pasó en esa empresa, sólo abría la boca para decir sí o no, y para comer; hasta que llegó el momento de irse a un nuevo trabajo.

Cambio laboral

Con la lección aprendida inició una nueva experiencia en una compañía donde todavía está. Lleva cinco años ahí. Cuando estuvimos hablando sobre la importancia de que te escuchen y, de callar oportunamente, me contó que lo bueno que sacó de su anterior empleo fue el comprender que, a veces tu silencio tiene más peso que tus palabras

“Como dirías tú, me siento como en una ciudad fabulosa después que entendí que no todo el mundo merece tus palabras”. Aprendió a dosificar su discurso en todo lo que hace en la vida. Si nota que vale la pena conversar con alguien o exhortarle algo, pues no pierde tiempo en hacerlo. Si se da cuenta que hacer silencio es lo que conviene, hace uso de él sin contemplación.

Un aprendizaje fabuloso

A veces tenemos que pasar por situaciones duras y molestosas para darnos cuenta de que no todo el mundo tiene la capacidad de valorar lo que somos, lo que decimos, lo que sabemos y lo que hacemos. Por ello es importante aprender a vivir como en una ciudad fabulosa donde, aun si lo que dices no tiene suficiente importancia, se te escucha sin mal intención ni discriminación

Es importante evitar llevar a alguien a que se abstenga de hablar por temor a ser ignorado o ridiculizado. Allí entienden que no es justo que luego sea su silencio el que despierte en ti el interés de conocer qué piensa y cómo se encuentra, y lo peor, que te quede ese “dolor” de conciencia de que fuiste tú quien lo llevaste a tragarse sus palabras.