¿Quién educa al pueblo?

Para el Día de los Padres

Salomón tenía una muy buena relación con el Dios de sus Padres. Lo respetaba, lo amaba, y lo reconocía como el Absoluto que da a conocer lo que quiere del hombre. ¿Qué le responderíamos nosotros al Señor Dios, si hoy nos hace también esta pregunta?

María Teresa R. Elmúdesi

María Teresa R. Elmúdesi

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María Teresa R.
Elmúdesi
Santo Domingo, RD

Hoy que celebramos el Día del Padre en nuestro país es buena ocasión para reflexionar sobre la responsabilidad de un padre de familia. Dios es el mejor ejemplo como Padre que podemos tener.

 Nosotros que somos predestinados a ser imagen de su Hijo, debemos reconocerlo. En la primera lectura de hoy contemplamos a Dios apareciéndose en sueños a Salomón diciéndole: “Pídeme lo que quieras”. 

La respuesta de Salomón ha recorrido los tiempos y todavía hoy tiene vigencia: “Dame un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir del mal y del bien, pues, ¿quién sería capaz de gobernar a este pueblo tan numeroso?” 

A Dios le agradó esta respuesta y entonces le da “un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti”. Se dice que la sabiduría de Salomón era reconocida en todos los confines de la Tierra.

Todavía hoy la lectura del Libro de los Proverbios es un ejemplo de esto: “El temor de Dios es el principio de la Sabiduría”. (Proverbios 1, 7) “Ese temor que no significa miedo, sino respeto reverente y amor hacia aquel que es único en conocer los secretos del Universo. Es también gratitud hacia el Señor que hace a su criatura participe de su sabiduría”. (Biblia de Jerusalén).

Salomón tenía una muy buena relación con el Dios de sus Padres. Lo respetaba, lo amaba, y lo reconocía como el absoluto que da a conocer lo que quiere del hombre. ¿Qué le responderíamos nosotros al Señor Dios, si hoy nos hace también esta pregunta? 

Pienso que todo padre debería hoy pedir al Señor la sabiduría para poder educar a los hijos en un mundo adverso a nuestros valores humanos y cristianos; un corazón compasivo y misericordioso para poder lidiar con tantos enemigos del Reino y de la familia. Amén.