FÁBULAS EN ALTA VOZ
“¡No tienes ‘feeling’ de chapiadora!”
Ella iba caminando por la acera con un tongoneo que a muchos les hizo voltear la mirada. Llevaba una vestimenta sexy, aunque no se veía vulgar. Tampoco tenía caderas pronunciadas y lucía algo natural. Unos la observaban en silencio, aunque con ojos de lujuria, mientras que otros murmuraban entre dientes la sensual forma de desplazarse que llevaba la chica. Pero si mucho llamó la atención su caminar, más lo hizo el “piropo” que le lanzó uno de los tantos que andaban por el lugar: “¡pero no tienes ‘feeling’ de chapiadora!”.
¿Bueno o malo?
Por más que analizo lo que le vociferó el hombre a la muchacha, no logro entender si fue algo bueno o malo lo que le dijo. Un tanto indignada por la forma despectiva en que se expresan algunos para referirse a una mujer que se ve bien o no tanto, le comenté esto a un buen amigo que se mueve en el medio de la modernidad y esto fue lo que me respondió: “Bueno, Martica, eso depende. Si a él le gustan las ‘chapis’ entonces no fue un buen piropo, quiso decirle que le falta para llegar ahí. Si no le gustan, pues creo que admiró que no lo aparentara, porque te voy a decir una cosa, ser chapiadora no solo es serlo, sin aparentarlo”. Esto sí que me dejó “en una pieza”, como diría mi amiga Yube.
La definición
Aunque tal vez todos tenemos una noción de lo que quiso decir mi amigo, le pedí que me abundara sobre eso de aparentarlo. “Ohhhh, lo primero es tener unas buenas caderas, un nargón, aunque los mulitos te queden de pollo; un cabello que te permita dar ‘pelucaso’, buenas ‘bubbies’, los labios pigmentados y con colágeno, las cejas ya tú sabes, las pestañas largas, ropa de marca y bien sexy, buena cartera y calzado caro, y andar en un maquinón”. Al parecer, la chica no tenía nada de eso, solo llamaba la atención con su caminar cadencioso. Cuando le hice saber esto a mi amigo, solo me dijo: “Puede ser que ella esté aspirando, que esté dando los primeros pasitos. Ojalá encuentre uno de los que aspiran a tener su ‘chapi’ y la ayude a lograr el feeling”.
Estereotipo
Nadie tiene derecho a inmiscuirse en la vida de los demás. Cada quien, y más si es adulto, es dueño de sus actos y de sus consecuencias. Ahora bien, como ser humano, me duele tanto la forma despectiva en que algunos se refieren a otra persona. Por eso, por unos segundos, me fui a una ciudad fabulosa donde no hay un “diseño” creado que defina a la mujer como tal o cual. Allí solo hay mujeres que se dan a respetar y a las que se les respeta. Nadie se anda fijando en su físico para definirla. Son sus capacidades y su esencia las que le otorgan el ‘feeling’.

