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La Vida miércoles, 21 de octubre de 2020

FÁBULAS EN ALTA VOZ

Milagros de una guerrera

  • Milagros de una guerrera
MARTA QUÉLIZ
marta.queliz@hotmail.com

Fole para su familia, Fior para el resto. Pero el nombre no importa, ella era especial. Vivió su vida como quiso, burló la muerte más de una vez. Supo atrapar los sueños, despertar las voluntades, crear oportunidades y luchar sin desmayar. Donde cualquier mortal ve un obstáculo, ella veía un escalón para llegar a dónde se proponía, por lo que otros se sentarían a llorar, ella se detenía a “maquinar” cómo cambiar las lágrimas por una sonrisa. Porque, en definitiva: nunca se lamentó.

Siempre bien puesta
Con un “tire” y un buen maquillaje ocultó muchas veces su dolor. En un closet atiborrado de ropa, de zapatos y de todo lo que le sumaba a su buena imagen ella escondía sus inquietudes y, tal vez las verdades que sabía sobre lo que le ocurría. Pero, aun así, se ponía el traje de guerrera y salía no a buscar combate, sino a mostrarle al mundo que sí es posible enfrentar la batalla sin mostrar las armas, sin hacer disparos, y lo mejor, sin perder la fe en que, sobre todo, hay milagros que te hacen victorioso.

Dejó huellas, no cicatrices
Era solidaria, cariñosa, y con una autoestima que daba para repartirle a la humanidad sin lugar a exagerar. “Porque cuando yo me cambio y salgo por ahí, a mí hay que verme. Yo soy una mujer que gusta”. Esa era una de sus frases favoritas, aun cuando la enfermedad pretendía ser su rival. Y precisamente, ese tipo de comentario es de los que hoy reafirman las huellas dejadas. Porque dio cátedra de lo que es vivir atrapada en una condición de salud y no perder su “postín” ni su entereza. Eso sí, no dejó cicatrices. Vivió su vida y transformó otras.

Tan tú, tan fabulosa
En esta ocasión no hemos tenido que viajar a una ciudad fabulosa para disfrutar de sus encantos. El haber sido tu familia, tu amigo, tu conocido… nos ha hecho vivir la experiencia, porque en algún momento de nuestra vida, a cada uno se contagió con tu fabulosa valentía, y con tu optimismo aun en momentos en los que solo los milagros del Señor, te daban vida.

Hasta siempre mi guerrera favorita
Has partido primero, lo sabemos, como también estamos seguros que desde que allá hagas morada, comenzarás arreglarlo todo para recibirnos con bombos y platillos como la buena anfitriona que siempre fuiste. Nos prepararás un lugar fabuloso para que disfrutemos de tu buena comida, de tus detalles, y por qué no, hasta de tus “aguajes”. Y bien que podías echarlos porque siendo Fole o Fior, fuiste una guerrera que recibió múltiples favores del Señor, convertidos en tu verdadero nombre: Milagros.