MEMORIAS DE VIAJES

El viaje de un joven con mascarilla

En el aeropuerto de Madrid, la Guardia Civil controlaba los ‘Gates’

  • Con mascarilla todo el viaje.

Carmenchu Brusíloff
España y Alemania

Eduardo es un joven con doble nacionalidad (dominicana y española). Con su diploma de psicólogo marchó en otoño del 2019 a Europa. Tras pasar varios meses en Münster, Alemania, visitando a la novia y ganándose la vida con trabajos nada relacionados con su carrera, marchó a principios de este año a Sevilla, España. Se disponía a tomar un curso de psicología deportiva y posiblemente trabajar en un club de fútbol infantil.

La pandemia del Covid-19 interrumpió sus proyectos. Y encerrado, cumpliendo el aislamiento social, su única distracción era, junto a sus compañeros de apartamento, salir a la ventana a las 8:00 de la noche a aplaudir la labor de sanitarios y tantos otros en lucha contra la enfermedad y compartir los cantos de balcón a balcón.

El 16 de mayo pasado, habiendo abierto sus fronteras aunque con limitaciones los gobiernos de la Unión Europea, Eduardo volvió a Alemania. El trayecto comprendía tren entre Sevilla y Madrid; avión a Frankfurt, y tren a Münster.

‘En Sevilla antes de entrar al tren había un control para asignar asientos separados. El uso de mascarilla era obligatorio. Luego, en el aeropuerto de Madrid, la Guardia Civil preguntaba para qué ibas a Alemania y te pedía pruebas de que vives o trabajas ahí. En el avión no hubo las separaciones como en el tren, porque tuvieron un problema con unos pasajeros a quienes no les permitieron entrar en España y tuvieron que regresarlos. Esto atrasó mucho el vuelo’. Tanto en el aeropuerto como en el avión llevaba puesta, por obligación, la mascarilla’.

En Alemania, el proceso de cuestionamiento fue bastante similar al de España. ‘A todos los que llegábamos nos interrogaban y pedían pruebas’. Es que las fronteras están abiertas tanto por tierra como por aire, pero no para el turismo, salvo alguna excepción. (Eduardo tenía la documentación requerida por ambos países. Para él, todo estaba en regla).

Valga aclarar que en ninguno de los aeropuertos les tomaban la temperatura.  En la estación de Frankfurt, en el tren de larga distancia con parada en Münster (unos 256 kilómetros de trayecto) le sorprendió la poquísima gente que había. ‘Es que no hay nadie’, escribía en un WhatsApp.  En un vagón iban cinco personas. En el suyo, sólo él. Aún así tenía que llevar puesta la mascarilla. En cuanto a la higiene, ‘es tanto el  alcohol que me he puesto hoy que casi no saqué el celular, para no destruirme las manos’. Por cierto, Eduardo es uno de mis nietos.

ALGO MÁS. ‘Münster, en el oeste de Alemania, es una ciudad hermosa, súper pequeña, con muchos ríos, lagos, parques, bosques… Poco ruido y muchísimas bicicletas’.