FILOSOF√ćA DE VIDA

Diferentes intereses

  • Olga María Renville es psicóloga y terapeuta familiar.

Olga María Renville
Especial para L2

Los seres humanos nos caracterizamos por nuestras diferencias, y es justamente allí donde radica la verdadera riqueza de cada individuo. Las diferencias crean la diversidad, pero en ocasiones son la causa de grandes conflictos en las relaciones.

Los polos opuestos se atraen o, al menos, eso dicen. En muchos sentidos, esa frase suele funcionar bastante bien en una pareja porque se complementan los intereses, los estilos y los hábitos de cada uno, a pesar de que recientemente se ha demostrado que esta teoría no funciona y en realidad, las similitudes atraen más que las diferencias. Sin embargo, qué pasa en la convivencia cuando estas diferencias son incompatibles?

Dicen que en la convivencia, "vivir bajo el mismo techo" es donde se pone a prueba el sentimiento. Es necesario poner en práctica el respeto, la tolerancia, comprensión y sobre todo la paciencia para esperar que se realicen los ajustes necesarios para lograr la armonía en el hogar.  Puede ocurrir en el caso de las parejas, así como también suele suceder en los hogares donde diferentes integrantes de la familia tienen diferentes intereses.

Cuando existen muchas diferencias en los hábitos básicos, se discute por todo, por dónde están las llaves, a quién pertenece el correo, cómo tramitar el pago de las facturas, la lavandería y las compras del supermercado. Parece que estas cosas no deberían ser difíciles para ponerse de acuerdo, pero lo son, y por muchas razones. A menos que se encuentren fórmulas para lidiar con las diferencias, reglas y límites claros, el hogar puede convertirse en un campo de batalla.

Una de las sugerencias es el respeto de los espacios físicos de cada uno de los integrantes. Algunas personas suelen ser invasivas, mientras otras son territoriales, y esto puede causar grandes discusiones en la convivencia. Suele suceder mucho entre hermanos, padres e hijos, y parejas. Es importante crear reglas de comunicación para fomentar el respeto al espacio y a las pertenencias de los demás.

Es una buena idea tratar de hacer que los espacios comunes funcionen, pero también bajo reglas de organización con la cual todos se puedan sentir cómodos y asumir el compromiso de mantenerlas. Estas reglas deben ser claras, otorgando responsabilidades de forma equitativa a cada uno de los integrantes. Las directrices deben ser específicas, alcanzables y ejecutables.

En la mayoría de los hogares hay un par de áreas que suelen verse abarrotadas y desorganizadas. A veces, los espacios que reciben más tráfico, como la cocina o la sala de estar, se suelen llenar de cosas, es allí donde deben asignarse tareas a cada persona y colocar consecuencias ante el incumplimiento de las mismas.

Existen casos donde por temor a la reacción de alguno de integrantes, suelen no tomarse las medidas necesarias para lograr un acuerdo. No hacer nada cuando hay desacuerdo en cómo vivir y disfrutar de la casa, no es una opción viable. Si resulta difícil lograr resolver las diferencias, y se han realizado varios intentos sin resultados, es el momento de buscar ayuda de un especialista en el área de la conducta humana para que haga un asesoramiento objetivo.