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La Vida martes, 19 de noviembre de 2019

PSICOLOGÍA

Ansiedad en la niñez: Los factores genéticos pueden influir

  • Ansiedad en la niñez: Los factores genéticos pueden influir
  • Ansiedad en la niñez: Los factores genéticos pueden influir
Laura Ortiz Güichardo
laura.ortiz@listindiario.com
Santo Domingo

La pérdida  de un ser querido, el divorcio de los padres, cambios importantes en la vida tales como iniciar el colegio o cambio de cuidadora, maltratos físicos o verbales son algunos de los eventos que pueden causar estrés y angustia en un niño o niña.

Así lo deja saber la psicóloga Yenerva Pineda, quien a su vez asegura que cuando los sentimientos de miedo y tristeza son persistentes o extremos podrían deberse a ansiedad o depresión.

La ansiedad infantil cobra especial importancia en el ambiente en el que se desenvuelve el niño y, por lo tanto, el contexto donde expresa sus síntomas. Mientras que en los adultos estos factores pueden pasar más desapercibidos, un ambiente que influya negativamente a las respuestas de ansiedad de un niño puede originar problemas en su desarrollo.

“Si un niño expresa sus síntomas en un entorno comprensivo en el que los padres o cuidadores son capaces de emplear estrategias que ayuden al niño a gestionar su estado de nerviosismo, el niño podrá gestionar satisfactoriamente sus estados de ansiedad”, sostiene la especialista.

A pesar de que se desconoce la causa de este trastorno, Pineda destaca que los genes pueden tener una participación muy importante. Esto quiere decir que los infantes con familiares que sufren de este padecimiento pueden ser más propensos a desarrollarlo.

Estar alerta

“Tener ansiedad puede poner al niño en riesgo de sufrir depresión o abuso de sustancias, es por eso que de manera inmediata si notamos que nuestros hijos están presentando algunas de las características ya mencionadas debemos acudir al especialista”, enfatiza la psicóloga agregando que como en cualquier enfermedad la detección temprana puede marcar la diferencia.

El tratamiento para este trastorno es integral ya que aúna las técnicas psicoterapéuticas más eficaces para cada caso específico y un tratamiento farmacológico adecuado.

“La terapia común y efectiva es la terapia cognitiva del comportamiento (TCC). Esta ayuda al niño que padece la ansiedad a comprender la relación entre sus pensamientos, comportamientos y síntomas”.

En ese sentido, también destaca que si bien los psiquiatras y psicoterapeutas son los expertos a quienes se debe acudir para tratar este padecimiento, el rol de los padres también es fundamental. “El especialista de la conducta juega un papel pero los padres son su mejor aliado ya que primero se debe determinar que ha provocado este trastorno y sin la ayuda idónea de los padres, tanto para determinar como para llevar las psicoterapias, el tratamiento no tendría sentido”, expone al tiempo que añade que el experto debe intervenir para, en primer lugar, reducir el nivel de angustia, pero los padres deben ir ayudando al niño a salir del trastorno apegados al mandato de los expertos en cuestión.

En el caso de los medicamentos, estos se usan ocasionalmente para ayudar a controlar la ansiedad en los niños, los cuales pueden incluir antidepresivos y sedantes que depende del grado y la severidad del problema pueden indicarse a corto o a largo plazo.

Consecuencias

De no detectarse y actuar a tiempo las consecuencias pueden ser muy variadas, tales como dificultades en el aprendizaje, dificultades de adaptación y desarrollo en su entorno social, y conflictos de comportamiento en la escuela.

Además, según Pineda, los efectos negativos también afectan el entorno familiar a través de irritabilidad con los padres y hermanos, llantos, rabietas, miedo o incapacidad de realizar actividades sencillas e incluso trastornos del sueño.

“Esto puede provocar en los padres una gran frustración, es por eso que deben intervenir los especialistas en la materia para buscar una solución a tiempo”, concluye.

DE INTERÉS

En los deportes.

La experta resalta que el acompañamiento de un psicólogo deportivo es imprescindible para los niños que practican deportes para ayudarlos a manejar la ansiedad, los fracasos, tolerar la frustración y gestionar emociones como los nervios y la euforia.