SOCIEDAD

Las suizas van a la huelga para denunciar que tampoco su país es igualitario

Isabel Saco
(EFE) Ginebra
Las mujeres se movilizaron hoy masivamente en las principales ciudades de Suiza, en particular a partir de las 15.24 horas, momento a partir del cual "dejan de estar pagadas" con respecto a sus colegas masculinos debido a la discriminación salarial que sufren.

En Suiza los hombres ganan como media un 12 por ciento más que las mujeres y en puestos de mayor responsabilidad la brecha aumenta hasta el 18,5 por ciento, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Concentraciones, marchas y sentadas se han multiplicado a lo largo de esta jornada en todo el país, en un día teñido de violeta, el color elegido por las asociaciones feministas y femeninas que han estado detrás de la organización de esta huelga.

Las manifestaciones empezaron a primera hora del día en Lausana, donde más de un centenar de mujeres se reunieron en una céntrica plaza para encender "el fuego de la alegría", en el que quemaron objetos que simbólicamente representan la discriminación que sufren las mujeres.

En Zurich, la ciudad más grande del país, la reproducción de un clítoris gigante se paseó por las calles sobre un carro tirado por mujeres, mientras que cientos de ellas protagonizaron una sentada en las principales arterias, impidiendo la circulación de autobuses y tranvías.

En Berna, la capital del país, cerca de 5.000 mujeres se congregaron a mediados de la tarde frente a la sede del gobierno, mientras que un número superior se reunía en una gran explanada en el centro de Ginebra.

Está previsto que las concentraciones, en un ambiente reivindicativo pero de buen humor, se prolonguen hasta entrada la noche.

"Todavía hay muchas desigualdades que debemos cambiar. Las mujeres luchan por la igualdad hace años y las cosas avanzan, pero demasiado lentamente. En Suiza hay mucho sexismo y prejuicios que sufren las mujeres en comparación con los hombres", dijo a Efe en medio de la manifestación de Ginebra Stephanie, de 25 años y educadora.

Más curtida en las reivindicaciones femeninas, Patricia, de 55 años, participó en las manifestaciones de principios de los noventa que llevaron a que se inscribiera en la Constitución el principio de igualdad de género, pero considera que en Suiza las mujeres todavía son víctimas de múltiples formas de discriminación.

Menciona que la situación de éstas durante la jubilación suele ser precaria debido a que cotizan menos por los años que dejan de trabajar para ocuparse de sus hijos, mientras que "las madres que trabajan tienen doble jornada, una en el trabajo y otra en la casa porque las tareas domésticas no están repartidas de forma igualitaria".

A diferencia de varios países del norte y del centro de Europa con los que Suiza suele ser comparado por su nivel de vida, su economía fuerte y sus avances tecnológicos, la política familiar helvética está muy retrasada.

El número de guarderías está lejos de cubrir la demanda, las familias deben desembolsar mensualmente entre el 10 y el 11 por ciento del salario acumulado del hogar para pagar este servicio y los padres no tienen licencia de maternidad como en gran parte de Europa.

Un nuevo padre debe contentarse con un día libre al nacimiento de un hijo, lo que implica que la gran mayoría de tareas que incumbe al recién nacido recaen sobre la madre.

Es así que la modernidad en Suiza, su progreso en materia de democracia y su estabilidad económica son la vitrina de una sociedad conservadora, como lo evidencia el hecho de que a las mujeres se les reconoció el derecho al voto y a ser elegidas apenas en 1971, mientras que el abortó se despenalizó en 2002.

El 60 por ciento de los trabajos no remunerados (limpieza o cuidado de niños y ancianos) recae en las mujeres y su representación en puestos políticos es del 28,9 por ciento.