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La Vida domingo, 10 de junio de 2007

TODAS LAS FAMILIAS PUEDEN BUSCAR EL ORIGEN DE SUS ANCESTROS

La genealogía, el arte de conocer nuestras raíces

  • La genealogía, el arte de conocer nuestras raíces
Carolina Veras

SANTO DOMINGO.- No sabemos si uno de nuestros antepasados estuvo en la proclama de la Puerta del Conde, o si viajó con Duarte al exilo, tampoco conocemos cuál fue su papel en la Guerra de la Restauración; sin embargo, lo más probable es que alguno de nuestros ancestros estuviese presente en uno de esos momentos o en otros cruciales de la historia del país. Determinar quiénes conforman nuestra ascendencia es de lo que se encarga la genealogía.

Considerada como un auxiliar de la historia, esta disciplina nos permite conocer el contexto familiar de personajes y familias destacadas, a fin de obtener una visión más amplia de quiénes fueron. “Estudiamos a Duarte, pero hay que entender su familia, su contexto. Eso también es parte de su historia”, sostiene Julio González, genealogista desde hace muchos años y miembro de número de El Instituto Dominicano de Genealogía.

Gracias a los estudios genealógicos podemos también conocer nuestra propia historia familiar, pues no es una actividad reservada a los nobles y aristócratas. Para realizar esta investigación no necesariamente hay que ser experto en el tema; de hecho, afirma Luis José Prieto, presidente de la Academia Dominicana de Genealogía y Heráldica, los genealogistas se inician con la práctica misma, movidos principalmente por su propio interés familiar.

 Pero, ¿cómo realizar una investigación de este tipo? El primer paso es la indagación oral próxima, es decir, preguntar a familiares cercanos quiénes fueron nuestros antepasados; esto normalmente arroja datos de dos o tres generaciones. A partir de entonces se recurre a otras fuentes de información, como actas de nacimiento, de matrimonio, de defunción, protocolos notariales, dispensas y cementerios, los cuales nos llevan a eslabones más arriba. Otra fuente que facilita la investigación familiar es la Iglesia de los Santos de los Últimos Días, donde están recopiladas en microfilm todas  las actas eclesiásticas del país.

La búsqueda de datos genealógicos puede tardar meses y años. “La investigación genealógica nunca termina”, dice Julio González.

Utilidad práctica
La utilidad práctica de la genealogía es diversa. Además del conocimiento mismo de las raíces familiares, tiene aplicación en la demografía, el ámbito legal y de manera especial en la medicina, pues una investigación genealógica permite determinar enfermedades hereditarias presentes en una familia.

Gracias a esta disciplina se pueden salvar y conservar datos y documentos que con el tiempo se deterioran y se pierden para siempre.

Genealogistas en el país hay muchos, unos son los que se dedican a ello de manera profesional, pertenecen a una asociación y son reconocidos, como también los hay que realizan sus investigaciones en bajo perfil.

Instituciones relacionadas
De acuerdo con Luis José Prieto, aquí hay dos asociaciones de genealogistas. El Instituto Dominicano de Genealogía, que es el de fundación más antigua, surgido el 26 de enero del año 1983 en Santo Domingo. Es una institución sin fines de lucro, cuya finalidad básica es el estudio de la familia dominicana y promoción de los estudios genealógicos. Su local está en la Casa de las Academias,  donde posee una biblioteca especializada y una base de datos con las informaciones obtenidas por sus investigaciones.   

El otro organismo relacionado es la  Academia Dominicana de Genealogía y Heráldica, fundada el 27 de febrero del 2004. Se dedica al fomento y divulgación de los estudios e investigaciones sobre genealogía, heráldica, nobiliaria y disciplinas complementarias y a la defensa y conservación del patrimonio histórico y artístico de RD.

Apellidos
En República Dominicana existen apellidos de casi todos los orígenes, debido a que es una nación conformada fundamentalmente por inmigrantes, y en esto están de acuerdo Julio González y José Luis Prieto. Tenemos familias de apellidos franceses, italianos, ingleses, portugueses, asiáticos y de otras regiones del mundo, aunque la mayor parte es de origen español.

La mayoría de las familias dominicanas tienen apellidos terminados en “ez”, tales como Hernández, Fernández, Pérez y otros. Según Prieto, este sufijo proviene de España y quiere decir “hijo de”; así, una persona de apellido Martínez es “hijo de Martín”.

Las castas más antiguas de las que se tiene conocimiento en nuestro país provienen de la primera colonia. Un ejemplo lo constituyen las familias de Baní. De acuerdo con Manuel Valera, miembro correspondiente de la Academia Dominicana de Historia, esta ciudad surgió cuando las familias Colón y Toledo se apropiaron del Valle de Baní, terreno que más tarde vendieron a los Guerrero. En 1718 familias de las Islas Canarias se asentaron en este lugar, pero no fue sino hasta 1764 cuando pasó a llamarse Baní. Entre los apellidos más antiguos de esta ciudad sureña, afirma Valera, se encuentran Guerrero, Báez, Miniño, Franjul y Blandino.