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La República martes, 06 de diciembre de 2022

Enfoque

Legados de Balaguer, Leonel y Danilo

  • Legados de Balaguer, Leonel y Danilo
  • Legados de Balaguer, Leonel y Danilo
Ángel Lockward
Santo Domingo, RD

El legado político más trascendente de nuestra historia (1844-2022) lo acumulan tres presidentes que ejecutaron políticas conservadoras (1966-2020), Joaquín Balaguer y los presidentes por cuenta de un partido de izquierda el PLD, originalmente antisistema, Leonel Fernández y Danilo Medida.

Balaguer cumplió el difícil reto histórico de estabilizar el país (1966-78), saliendo de la revuelta de abril, en medio de la caliente guerra fría, dándole el crecimiento económico contemporáneo más importante, al tiempo que creó a la clase empresarial y media, que han sido soporte y a veces origen de una peculiar trayectoria económica que asombra desde una economía agrícola – caña, café y cacao – a una de servicios, cuya piedra angular, el turismo, no existía hace 40 años; condujo – sin ser demócrata - hacia la democracia liberal dejando establecida – a pesar de las crisis electorales-, la alternabilidad: ese es su legado y es por él que se le juzgará, independiente de la sombra de las muertes que hubo.

Le sucedió Antonio Guzmán quien garantizó la transición hacia la alternabilidad partidaria en el poder e inició la democratización, a pesar de haber concluido como suicida y, algunos de sus ministros, en el exilio huyendo de posibles persecuciones. De su mismo partido – el PRD histórico – le releva Salvador Jorge Blanco, quien enarbola por primera vez la bandera de la anticorrupción, su fracaso en 1984 en el control de unas protestas en contra del FMI, le abrió un penoso camino que tras la derrota de su partido le convirtió en el primer presidente enjuiciado por corrupción e injustamente, conducido a las rejas de la cárcel La Victoria.

El regreso de Balaguer (1986-1996) tras un periodo (1986-90) con buen desempeño democrático excepto por los abusos en contra de SJB-, estuvo signado por los errores en el manejo económico, en particular, con la tasa de cambio, situación que mejoró notablemente (1991-1996) culminando con excelentes indicadores y, el inicio de las reformas económicas, con el Código Tributario.

Las fuerzas conservadoras en que descansó el nonagenario presidente saliente no fueron endosadas a su partido, el PRSC, cuya dirigencia, por un error de cálculo, apoyó al PLD con Leonel Fernández, entonces de 43 años, en la esperanza de compartir el poder: Balaguer se opuso, buscaba con ello no perder el control partidario y utilizar el valor de los créditos de su apoyo en protección de persecuciones, el PRSC dejó de ser una espada que luchaba por un proyecto de nación y se convirtió en un escudo de protección de la Máximo Gómez 25.

Con la muerte del Dr. José Francisco Peña Gómez el 10 de mayo del 1998, previo a las elecciones municipales seis días más tarde, se abrió el camino de Hipólito Mejía, exitoso ministro de Agricultura del Presidente Guzmán, a quien, aun sin alcanzar la mitad más uno de los votos emitidos, un grupo de dirigentes del PRSC le proclamamos: Donald Reid Cabral, Quique Antun, Leo Matos y quien escribe, testigos, Radhamés Gómez Pepín (EPD) y Miguel Franjul, entonces Director de La Nación. Balaguer hizo suyo el titular de un “extra” de La Nación alrededor de las once de la mañana de ese día y, lo demás es historia.

Con su agenda socialista inició cambios importantes, uno de ellos el tema de la seguridad social y de las pensiones… lamentablemente, el manejo errado de la quiebra de Baninter – al realizar pagos en efectivo por un volumen que la economía no resistía -  desencadenó un deterioro cambiario enorme, con una caída del PIB terrible, sellando su derrota en el 2004 a manos de Leonel Fernández con un PLD convertido en partido de masas a cargo de las políticas conservadoras, pero de nuevo, sin control congresual, el que obtuvo en las elecciones del 2006 y que le resultó esencial para su obra más importante: La proclamación de una Constitución que convirtió a la República en un Estado social y democrático de derecho; en esencia, todos los derechos fundamentales que ejercemos hoy – con alguna eficacia - se deben a esa reforma.

Si bien, junto a Balaguer, Lilís y Trujillo, Leonel es el mandatario de obras de infraestructuras más notables, con el Metro, las avenidas, autopistas y elevados, entre otras muchas, ese no es su legado más determinante, lo es la Carta Política del 2010, la única que los dominicanos discutieron libremente a lo largo de más de un año en universidades, colmados, parques y talleres antes de ser sometida a la Asamblea Nacional Revisora y, que entre otras instituciones, creó el Tribunal Constitucional y no tocó el espinoso tema de la reelección.

Danilo Medina, quien llega con su apoyo y, dispone de una mayoría sólida en el Congreso Nacional, calladito se convirtió en uno de los mandatarios de más alta aprobación beneficiado además por la división del PRD, modificó la Constitución y repostulado, resultó reelecto. Un  segundo intento provocó la fractura del PLD y el inicio de su descalabro; Su Administración le dio continuidad a las obras de infraestructura, como el caso del Metro y, de igual forma, el crecimiento económico, empero su legado quizás está en la educación con la tanda extendida y la reducción del analfabetismo a un 4.9%; si bien, la historia, que no siempre mide correctamente los resultados, debía acreditar un serio intento, con ahorro interno, de cerrar la brecha deficitaria - de producción y consumo de energía - con Punta Catalina.

Los presidentes dominicanos contemporáneos, todos, han sido acusados de corrupción; todos han vivido modestamente; de los fallecidos, no hay evidencia de enriquecimiento ilícito y de los que aún viven, tampoco; el caso más emblemático fue el de Balaguer quien - acusado siempre de corrupto - vivió siempre austeramente y murió sin dejar un centavo.

Luís Abinader, en ejercicio, inició su gestión hace poco más de dos años con un plan de reformas que hoy lucen más propias de un segundo mandato, si lo obtiene y, una lucha frontal en contra de la corrupción – que me pareció encaminada al fracaso en el 2020– pues se sustenta en la persecución general y, en el control de sus funcionarios a través del miedo – que los tiene tan paralizados que no ejecutan los presupuestos -, no de un control previo de la ciudadanía a través de la jurisdicción contenciosa, que es preventivo, general, eficaz y no genera escándalo; su legado físico tendrá que evaluarse dentro de unos años cuando estén listos los proyectos iniciados en su gestión.

Su impronta, sin embargo, queda firmemente evidenciada en su éxito en controlar la pandemia y en reactivar la economía en los dos primeros años; la compra de la deuda a Venezuela y de las acciones de esta en la Refinería – con poco efecto político – se verán anuladas por el incremento en el endeudamiento fruto de las emisiones para financiar el déficit presupuestario generado por los subsidios sociales en ocasión de la pandemia; igual puede ocurrir, lamentablemente, con su éxito económico, que la gente no percibe por el efecto de la inflación, de la que no siempre es culpable: El análisis de su legado habrá de esperar que culmine su mandato.