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La República lunes, 16 de mayo de 2022

Enfoque

La violencia creciente

  • La violencia creciente
Ángel Lockward
Santo Domingo, RD

El país observa consternado la ola de violencia que azota a la sociedad dominicana que, entre otros contiene asesinatos inaceptables en cuarteles policiales - de personas en custodia - a manos de policías en unos casos y de civiles, en otros, frecuentes feminicidios, asaltos, en particular ejecutados por motoristas, violencia ocasionada por las drogas y, una creciente violencia vial, no obstante ser una de naciones menos violentas de América, que es la segunda zona más violenta del mundo, entre otros factores, porque con 86 millones de personas en pobreza extrema es la más desigual.

En nuestra América, con 8% de la población del planeta se registra el 33% de los casos de criminalidad del mundo; la situación en Haití, como Estado fallido, en donde la industria son el secuestro y las drogas, el año pasado no tuvo paralelo, el cono norte de Centroamérica, con Honduras con la tasa de homicidios más alta del mundo, compitiendo con Jamaica, El Salvador, en donde las bandas se revelaron al Gobierno y en un fin de semana mataron a casi un centenar y Guatemala. México, en donde en esta semana vimos escenas en vivo de la película Mad Max, en que bandas perseguían en las carreteras a la Policía, tiroteándoles, naciones como, Venezuela el país de más peligrosidad del continente, hasta en Chile este fin de semana tirotearon el auto del presidente; Perú, Paraguay y Ecuador, no están mejor y de Brasil, con sus favelas ni hablar. En Argentina, con una inflación del 58% y desencuentros en el seno del Gobierno, la situación es explosiva

La sociedad moderna es en sí un núcleo de conflicto – ahora con poco o ningún control social-, de insatisfacciones y la gente regresó del Covic a las calles, centros de trabajo y hogar con más precariedades y con menos oportunidades de empleo para atenderlas; las ciudades – casi todas con ghetos a donde ni la Policía entra - tampoco ayuda; lejos, muy atrás quedó la sociedad rural o la urbana pueblerina en donde todos nos conocíamos, es otro mundo, abierto a través de las redes para lo bueno y lo peor.

La urbanización rápida y sin control asaltó a la democracia antes de que esta preparara a las personas como ciudadanos y, el desorden, el tigueraje, la basura e inseguridad, la desafían cada día. Pero, aunque nos asombramos – sin olvidar que aquel adagio…mal de muchos, consuelo de tontos - no es nuestra república ni por asomo - la más insegura; al contrario, a pesar de la ola de delincuencia que se expresa con asaltos a transeúntes, carterismo, violaciones, robo a casas, a vehículos y algo de vandalismo es de las más tranquilas.

La prensa a cada momento nos sorprende recogiendo episodios de violencia doméstica y, al salir a las calles, nos asombra – en medio de los atascos - la agria violencia vial, fruto en gran medida, de la falta de educación de conductores y de peatones: los segundos cruzan calles, avenidas y autopistas sin usar casi nunca la franja de peatones o los pasos a nivel construidos para el viandante. A veces a oscuras y con niños en los brazos; sin olvidar la última plaga, el motoconcho, compuesto por más dos millones de daltonistas alocados que ponen diariamente en peligro a cientos de miles de personas: Para ellos, no hay luces ni policías de tránsito y, desde luego, los vehículos pesados que unas veces a paso de tortuga usan el carril de la izquierda y en otras compiten entre ellos a velocidades en las que no pueden mantener el control. Posiblemente, ninguno conozca la nueva ley de tránsito, ni sus penas por homicidio involuntario o culposo.

En las últimas semanas, con razón, la atención ha estado centrada en la Policía Nacional, un cuerpo que con estructura militar organizó Trujillo, originalmente compuesto por gente de los estratos más humildes, a veces rurales, a quienes el uniforme y el arma concedían autoridad – la idea era poder - por encima de la ley, igual que a los miembros del ejército: Ninguna de esas dos instituciones existía para control de la delincuencia, sino para el control político de los ciudadanos, por eso vimos a una coronela abofetear al Defensor del Pueblo, posiblemente no sabía qué es esa institución constitucional.

Con frecuencia se dijo – con razón - que las fuerzas del orden estaban pésimamente pagadas; los aumentos de sueldo – notables -en la presente gestión y los planes de reforma, no han mejorado la situación. Los Amet – que brevemente tuvieron un brillito-, como hace 40 años cuando las esquinas se vendían, siguen picoteando para la fría o el loto, sobre todo los viernes. Fue un error transferir esa unidad a la Policía Nacional.

Que hay agentes de la Policía buenos y oficiales preparados, nadie lo discute; el problema es que a ese cuerpo en general no se entra por vocación, sino por necesidad, ingresa – generalmente - quien no califica para otra cosa. Y, a esa persona se le entrega un arma y un uniforme.  Mucha gente, sin cultura cívica y, en otros casos, cansados de ser abusados, sobre todo en los barrios más poblados, no les tiene respeto, a veces sin razón, a veces con razón.

En ocasiones la Policía en un “intercambio de disparos” abate a delincuentes en refriegas no siempre claras y, de pronto como a Pablo Escobar, guardando la distancia, al occiso le declaran el Santo de la cuadra – aunque el crimen sea su industria - y, nadie defiende al Agente: Entre un Agente que está cumpliendo con su deber y un delincuente, la opción debía estar clara. Pero eso no fue lo que sucedió con el asesinato en San José de Ocoa, ni con David de los Santos, en Naco y Richard Báez, en Santiago.

La Policía detiene con frecuencia a personas, sobre todo humildes y a veces con aspecto de lo que son y los hacina en el cuartucho que denominan “destacamento” – casi los únicos que merecen ese nombre son los de Sectur -, pero allí no hay ventilación, ni baños, ni agua para tomar y, desde luego, no hay comida cuando permanecen dos días detenidos: No somos una sociedad rica…pero dotar a los locales policiales de eso solo cuesta centavos y, esa si es una gran reforma.

El presidente Abinader, como antes anunciaron otros y algunos hasta la iniciaron con leyes más modernas, presentó una Reforma Policial creando con ello grandes – y justas – expectativas, la realidad parece haberle recomendado declarar que “él no tiene una varita mágica”: Una cosa es con guitarra y….

Esta Reforma ciertamente debía constituirse en un compromiso de todos, empero, como el ambiente político – oposición gobierno - está crispado y por ello algunas cuestiones buenas no se podrán abordar, cuando menos sería conveniente hacer las que son posibles, por ejemplo: Siendo que faltan agentes en las calles y ahora se les ha subido el sueldo, sugiero que el Presidente ordene que – los varios miles de policías y militares asignados a otras tareas - dejen de ser choferes y carga cartera de amigas de funcionarios, cocineros, guardaespaldas privados de empresarios y de funcionarios y, se dignifiquen regresando al servicio de la ciudadanía: Para eso basta una disposición administrativa.

Nadie duda que en el Estado debe existir una unidad, como en todas partes, dedicada a la protección de dignatarios, tarea – que no es policial – y que debe centralizarse, quizás en el Cuerpo de Ayudantes.