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La República sábado, 16 de enero de 2021

Veinte años "subío en el palo" y vive feliz

Richard Rodríguez, el gomero que lleva veinte años viviendo en un árbol

  • Veinte años "subío en el palo" y vive feliz

    “Yo aspiro a tener mi casa”, dice Richard Rodríguez, quien vive en un árbol. GLAUCO MOQUETE/LISTÍN DIARIO

  • Veinte años "subío en el palo" y vive feliz
Ivanessa Guzmán
Santo Domingo, RD.

Las películas donde los ni­ños hacían ca­sitas encima de un árbol, es algo que en la infancia parecía genial, pero lleva­do a la vida real y a este 2021, es una historia que nadie quisiera vivir y sin embargo se vive.

Es el caso de Richard Rodríguez, un hombre de 49 años de edad, afable, sincero, capaz de transmi­tir paz y alegría con sus pa­labras, quien se las ha arre­glado para construir una casa en un árbol.

Rodríguez vive hace al menos 20 años en el lu­gar, ubicado en la calle Pedro Livio Cedeño, en el barrio de Villas Agrícolas.

Recolectando madera y piezas de zinc fue poco a poco armando su propio hogar de aproximada­mente 10 pies de ancho y largo, donde pasa la mayor parte del tiempo: duerme, ve televisión, tiene su nevera, hasta su salita donde descansa en su mecedora cuando ter­mina su labor de gome­ro.

“Los vecinos del fren­te me ofrecieron que vi­viera con ellos, pero es que yo no puedo, eso me da vergüenza, aquí no me cae agua, puede llo­ver y estoy seguro, eso sí siempre me arropo, pues el árbol atrae muchos mosquitos”, dijo mien­tras ponía un parche en una goma de un motor.

Bañarse y realizar sus necesidades fisiológicas no son obstáculos para él, debajo de su casa, en­tre las raíces, tiene una especie de baño, pero también sus vecinos, so­bre todo el del frente, en la avenida, le permiten cuando él quiere, utilizar los suyos.

Su comida la hace en la calle. Con pedazos de palo enciende una fogata donde cuece sus alimen­tos. Esto aunque sus veci­nos, le ofrecen la mayor parte del tiempo algo de comer.

“Yo no me valgo de na­die, aunque tengo mi gente por aquí que me quiere, yo hago mis co­sas,”, dijo mientras saca­ba tres pedazos de yuca, un guineíto, dos batatas y dos huevos, estos para ponerlos en una ollita y hervir en la fogata.

Debajo del árbol con numerables lianas armó su propio taller, que de manera empírica le per­mite reparar gomas.

Los precios de sus labo­res cotidianas no sobre­pasan los 200 pesos; re­parar una goma de una bicicleta cuesta RD$50, por cada goma de un mo­tor cobra RD$100, y por las de un carro RD$150.

Realizar sus labores cuando la energía eléc­trica se va, se vuelve una odisea, el trabajo se torna más tedioso, ya que debe calentar el metal de una plancha vieja de ropa, en el fogón donde también prepara sus alimentos, para pegar los parches de las gomas que le traen los clientes.

El deseo de Richard no es que sus días culmi­nen encima de ese árbol. Siendo panadero, oficio que realizaba mucho an­tes que la actual, reunió 30,000 pesos y compró un solar en Villa Mella. Al día de hoy, con gran parte de lo que consigue con su trabajo de gomero, com­pra materiales para cons­truir su casa sustentada en la tierra.

“Yo me siento tan opti­mista de que lo voy a lograr, yo construiré mi casa, y no una como esta, una de ver­dad”, expresa con furor.

En sus bolsillos portaba la última factura por un valor de RD$5,000, que describía las varillas, blocs, compra­dos desde el pasado mes de diciembre, pero que aún no ha buscado en la ferretería porque le faltaba completar el dinero de comprar el ce­mento.

Con sus propias manos, gracias a que aprendió a trabajar albañilería, plome­ría y electricidad, construye con entusiasmo lo que será su nuevo hogar.

“Yo aspiro a tener mi casa, ya que no tengo los recursos de pagarle a al­guien que lo haga por mí, pues yo aprendí a traba­jar construcción, me iba a ayudarle a los plomeros y así aprendí a trabajar plo­mería”, dice al tiempo de aclarar que su vida siem­pre ha transcurrido en la calle.

SERVICIAL
Opinión de los vecinos

Sus vecinos lo descri­ben como una persona humilde, que nunca se niega a hacer un favor.

“Él es dadivoso, a cualquiera le hace un favor. Yo tengo una pasola y si se me pincha una goma y no tengo dinero Ri­chard no le da men­te a eso. Me dice, me lo das después, no hay problema. Es la persona más humil­de que he conocido”, expresó Omar Gó­mez, uno de sus ve­cinos.

Dijo también que pa­ra todos fue extraño que alguien hiciera una vivienda encima de un árbol, pero que él ha sabido ganarse el cariño y respeto de todos.