Evo Morales, un caudillo contrarrevolucionario
Evo Morales es conocido en su entorno, y como se sabe exactamente quién es, y de su desprecio total a las formas democráticas, y de sus vínculos con la producción y el tráfico de cocaína, prefiere protegerse bajo el manto mayor de Naciones Unidas.

Ocurrió hace pocos días. Una mujer de unos 70 años recorrió los hospitales de Oruro, en Bolivia, en busca de oxígeno. Padecía el Covid 19. Se estaba muriendo. No tenía fuerzas para nada. Se sentía confundida, como si pensar le costara un gran esfuerzo.
En todas partes le decían lo mismo. “La ciudad está rodeada por partidarios de Evo Morales. No dejan entrar los camiones con oxígeno”. Finalmente, la señora murió. Literalmente, se asfixió. Se llamaba Esther Morales. Era la hermana mayor de Evo. Fue como una especie de madre para el expresidente asilado en Argentina. Evo había dado la orden de sitiar la ciudad.
Esther Morales no era un caso extraordinario. Han muerto unos 40 bolivianos en las mismas circunstancias. Fernando del Rincón, una de las estrellas de CNN en español, a cargo del programa “Conclusiones”, poco antes había transmitido un video de Mario Limanchi, un hombre humilde y elocuente de 65 años, implorando que permitieran el paso del oxígeno clínico porque, de lo contrario, moriría. El video lo había filmado la doctora que lo atendía como un último recurso para salvar a su paciente. La médico, muy conmovida, contó en “Conclusiones” que Limanchi había muerto sin lograr su objetivo. Los sitiadores continuaron impidiendo el paso del oxígeno.
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