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La República martes, 11 de agosto de 2020

Enfoque

Mi paso por la aviación civil dominicana

  • Mi paso por la aviación civil dominicana
ALEJANDRO HERRERA
Santo Domingo, RD

Parece un ayer cercano, aquella maña­na de comien­zo de mar­zo del año 2011, cuando, imbuido de las buenas in­tenciones que han norma­do mi transitar por la vida, llegamos al edificio ubica­do en la esquina formada por las avenidas México y 30 de marzo, para ser po­sesionado como Director General del Instituto Do­minicano de Aviación Ci­vil –IDAC-, en una breve y sencilla ceremonia. Re­cuerdo cuando expresé de forma solemne que mi mayor compromiso al asu­mir la nueva responsabili­dad no era otro que hacer­lo bien.

Aunque parezca simple, en la realidad de los he­chos, hacer las cosas bien, tiene grandes implicacio­nes no siempre fáciles. El re­to a emprender era inmen­so. Comenzando por ser la primera experiencia como máximo directivo de una entidad gubernamental. Segundo: mis más recientes antecesores en la posición habían sido Norge Botello y José Tomás Pérez, dos pres­tantes dirigentes peledeís­tas que habían ostentado, cada uno en su momento, precandidaturas presiden­ciales en nuestro partido. Y tercero, estaba la naturale­za, complejidad y delicade­za de la entidad aeronáuti­ca a dirigir.

Ya con el control del ti­món de mando de la na­ve del IDAC, iniciamos un fructífero y entusiasta via­je por trayectos que de in­mediato nos ubicaron en el justo contexto de la aleccionadora historia de nuestro sistema aeronáu­tico, que solo pocos años atrás, en el 2007, había su­perado su estigmatizada condición de inseguro bajo los parámetros de la Fede­ral Aviation Administration (FAA) de los Estados Uni­dos que durante 14 años lo había mantenido degrada­do entre las categorías 3 y 2, con la negativa consecuen­cia de que las aeronaves de matrícula dominicana (HI) estaban impedidas de volar hacia territorio estadouni­dense.

Consciente del camino de transformaciones y cam­bios, pero también de con­tinuidad, recorrido bajo el liderazgo de mis anteceso­res, nuestro plan de vue­lo u hoja de ruta se enfocó en desarrollar el extraordi­nario potencial de avances pendientes de la aún joven institución aeronáutica, na­cida al amparo de la Ley de Aviación Civil de la Repúbli­ca Dominicana No.491-06 y que, gracias a la agenda de trabajo positiva y al aco­plamiento de un formida­ble equipo de profesionales y técnicos aeronáuticos, nos propusimos alcanzar el de­sarrollo integral, la moder­nización y la consolidación institucional de la Autori­dad Aeronáutica nacional.

Los frutos no se hicieron esperar. Este viaje marcó el inicio de una nueva eta­pa del sistema aeronáutico dominicano, caracteriza­do como el más prolonga­do periodo de avances en absoluta estabilidad en to­da su historia, avalada por el hecho del IDAC ser hoy la más y mejor estandarizada de las entidades de la admi­nistración pública nacional y referente regional de la aviación civil internacional. La obtención de certifica­ciones, premios y reconoci­mientos en todos los renglo­nes e indicadores medibles nunca fueron motivos para “dormirnos en nuestros lau­reles”, por entender que en materia de gestión nunca hay victoria definitiva.

Tampoco se trató de una travesía libre de turbulen­cias, crisis y grandes prue­bas de fuego de diversos gé­neros y dimensiones, que debimos sortear con relati­vo éxito, en una actividad que, como la aeronáutica, además de sus altos niveles de exigencias, delicadeza y complejidad, está plagada de intereses, muchas veces enfrentados hasta el abis­mo, circunstancias frente a las cuales se demandó de los mejores esfuerzos y de los mayores niveles de com­promiso para tratar siempre de hacer valer el interés ins­titucional y del país por en­cima de cualquier otro.

Ahora, el vuelo bajo nuestro mando en su fa­se final se ha encontrado de frente con el golpe de la actual pandemia del CO­VID-19, que se ha conver­tido en la madre de todas las crisis que han afecta­do a la aviación civil desde su nacimiento, y que, co­mo ya hemos apuntado, lo­gró por primera vez colocar en tierra a más del 90% de la flota aérea mundial, re­presentando pérdidas im­pensables y, en el caso del IDAC, a pesar que desde marzo del año 2020, los ingresos de la tasa aero­náutica, de donde se nutre nuestro presupuesto, han mermado considerable­mente, dejaremos al próxi­mo capitán, una institución financieramente saneada y con recursos para aguardar el lento proceso de recupe­ración de la actividad aé­rea y retomar el vuelo hacia nuevos horizontes de logros y realizaciones.

En efecto, estamos a pun­to de aterrizar para entre­gar el timón de la nave del IDAC al nuevo designado. Con el peso que deja atrás el aprendizaje, y el don alcan­zado de la perseverancia, hacemos una reverencia an­te esta década de intenso trabajo en equipo y la satis­facción de entregar una ins­titución mucho mejor que la recibida.