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La República martes, 31 de marzo de 2020

Enfoque

Políticas de guerra y de shock

  • Políticas de guerra y de shock
Hugo Guiliani Cury
Santo Domingo, RD

Estamos en tiem­pos de guerra, luchando con un fantasma denominado Coronavirus. Esto ha cau­sado una conmoción a nivel mundial y para enfrentarlo se necesita utilizar políticas de shock. La doctrina del shock fue creada hace déca­das por economistas en mo­mentos en que el mundo tuvo grandes crisis financie­ras. No soy experto en virus, pero sí tengo conocimiento de las políticas de shock, las cuales fueron las que apli­qué al país en 1985 frente a la grave crisis política y eco­nómica que tuvimos.

Gracias a esas medidas la economía fue estabiliza­da y el país celebró sus elec­ciones presidenciales. Ac­tualmente vivo en Europa y desde el inicio de este virus en China, me di cuenta de la gravedad de esto. En el ini­cio de su propagación, los países de Asia rápidamente tomaron medidas y Europa permaneció inactiva. Eran espectadores de lo que su­cedía en el este asiático.

Los países inicialmen­te más afectados por el virus fueron China, Singapur y Co­rea quienes actuaron con de­cisión, hicieron pruebas ma­sivas a sus ciudadanos para determinar quién estaba con­taminado, cerraron fronteras y gradualmente controlaron la propagación del virus. Sin embargo, no se detuvieron en esa primera fase, constru­yeron hospitales, crearon las condiciones apropiadas pa­ra dar tratamiento médico a los contagiados y tomaron medidas de carácter social. En Europa sucedió lo contra­rio, su liderazgo no actuó con prontitud ni tampoco toma­ron medidas fuertes. El virus se propagó y existen ya unas 266,000 personas infectadas y 16,000 que han fallecido. Del otro lado del Atlántico, Estados Unidos nada hizo en los meses de enero y febrero, no fue sino hasta el mes de marzo que su presidente de­cidió declarar a la nación en estado de emergencia, y ya tienen 82,000 infectados ma­yor a lo que tuvo China.

Lo sucedido en cada país y los resultados que estos han obtenido, está directamen­te relacionado con la rapidez con la cual se ha actuado y de la profundidad de las me­didas. En materia de acepta­ción y cumplimiento de las acciones adoptadas, se ha tomado en cuenta las carac­terísticas de sus sociedades y el tipo de sistema político que poseen. Un ejemplo de esto ha sido Italia. Los italia­nos son individualistas y no son creyentes de sus gobier­nos, a pesar de ser una de las siete potencias a nivel mun­dial y parte del G-7, tienen un deficiente y mal equipa­do sistema de salud con solo 1,800 camas de cuidado in­tensivo para una población de 16 millones en las regio­nes de Lombardía y Véneto. En esta crisis el sistema de sa­lud italiano colapsó. Esto lle­gó a un punto en que la fal­ta de respiradores dio lugar a que los médicos tuvieran que decidir a quién se lo quitaban para dárselo a otro con ma­yor probabilidad de sobrevi­vir. Es decir, la crisis los forzó a tomar la horrorosa decisión de quien vive y quien mue­re. Italia no tuvo estrategia al inicio y mucho menos la tie­nen para poder salir de es­ta crisis. Los resultados lo di­cen todo, 81,000 infectados y 8,200 muertos. Fue ya al fi­nal y cuando era muy tarde que adoptaron un conjunto de medidas para contener su propagación.

La República Dominicana el 14 de marzo anunció un conjunto de medidas con la finalidad de detener el avan­ce del virus. En ese momen­to ya se tenían una decena de casos confirmados. Me hubiese gustado que esa ini­ciativa se tomase desde el primero de marzo, cuando apareció el primer caso. Pero, quizás el factor político de las elecciones municipales inci­dió en esa decisión. Aun así, el paquete de medidas de los dominicanos fue bien di­señado y bastante completo. En este se incluyeron, entre otras acciones, la de cerrar las fronteras, prohibir vuelos desde Europa y otros países, impedir los actos masivos, luego se decretó el toque de queda y se tomaron acciones para mantener el equilibrio social en los sectores de me­nor ingreso.

Actualmente, la de aislar a la región que ha sido más afectada por el virus.

Un aspecto crucial es que tenemos que hacer mas prue­bas. En Corea del Sur las hi­cieron masivas y los que da­ban positivo eran internados. Además, se hacían rastreos de aquellos que tuvieron contac­to y a estos los aislaban. La po­blación, la oposición política y las fuerzas productivas asu­mieron sus deberes ciudada­nos y han dado su visto bueno a las medidas del gobierno.

Todas esas acciones bus­can contener la propagación del virus y dar señales de con­fianza a la población de que el gobierno está haciendo to­do lo que puede para prote­ger a todos los dominicanos. La realidad es que ha sido un paquete completo y muchas de esas medidas son las que denomino de guerra, debe­mos pues continuar mejorán­dolas y haciendo una buena ejecución. En síntesis, esta es la fase donde se busca dete­ner el crecimiento y nivelar la curva para mantenerla en un punto donde nuestro servi­cio de salud pueda responder con los medios que tiene y que por tanto no colapse. Es en este momento que se de­be entrar en una fase diferen­te. Esta es la del tratamien­to a los enfermos. En esta se requieren enormes recursos humanos y materiales. Te­nemos que comprar másca­ras, batas protectoras, ven­tiladores, camas de cuidado intensivo, acondicionar lo­cales para alojar a los enfer­mos y tener las enfermeras y doctores que los atiendan. Por ello, desde hace dos se­manas he estado informan­do a mis autoridades y per­sonas de influencia sobre las diligencias que en ese senti­do he realizado. Recordemos que China utilizó la combina­ción de diversos medicamen­tos en los miles de pacientes que fueron tratados en Wu­han, uno de ellos fue el In­terferon alfa 2b. Este medi­camento proviene de Cuba, quien desde hace varios años llegó a ciertos acuerdos para su fabricación con los chinos. Parece ser que su aplicación, junto a dos antivirales resul­taron exitosos. Tomando es­to en cuenta y debido a que no hay tiempo que perder, he tratado de que nuestras au­toridades contactaran a sus similares en Cuba. Esos con­tactos ya se iniciaron y ojalá puedan llegar a los acuerdos que nos permitan tener ac­ceso rápidamente al Interfe­ron alfa 2b. También ha sido utilizado en diversos países, entre ellos en China, un me­dicamento llamado Tocilizu­meb, que parece haber sido efectivo. No podemos poner­nos a esperar a que se descu­bra una vacuna y una medi­cina para este virus. Nuestra tasa actual de mortalidad es de un 4.0% que es muy alta. Eso nos dice que debemos mejorar en este aspecto. Hay que tomar decisiones, asumir riesgos y aplicar los protoco­los que han sido utilizados en el este asiático.

En la obtención de esos recursos financieros debe­mos ser creativos y saber uti­lizar los instrumentos que se tienen en materia fiscal y monetaria. Estas políticas no deben estar centradas en proveer estímulos al apara­to productivo, todo lo con­trario, el sector empresarial debe poner sus conocimien­tos y ayuda al gobierno. En Estados Unidos el presiden­te Trump ordenó a la Empre­sa Hanes a que fabricara las máscaras de protección. Esa misma empresa está insta­lada aquí en nuestras zonas francas y ellos pudieran ha­cer lo mismo con las que ne­cesitamos. En una crisis co­mo esta se debe aplicar la misma lógica de cuando se está en guerra y diseñar po­líticas de shock. Estos no son tiempos de estar pensando en cómo proteger y hacer crecer la economía, eso es lo que menos importa en estos momentos. Hay que tener en cuenta que todas estas me­didas tendrán un alto costo. Hay que abandonar la orto­doxia económica, si tenemos que imprimir pesos, debe­mos imprimir, si tenemos que crear un déficit, hagámoslo. Si tenemos que endeudar­nos externamente, debemos hacerlo y si también es nece­sario usar las reservas inter­nacionales que tenemos, ha­gámoslo. Necesitamos contar con los recursos necesarios pa­ra proteger a nuestra pobla­ción, pues sin ciudadanos tam­poco tendremos economía. Es en las crisis que las naciones identifican y reconocer a su li­derazgo. Recordare aquella frase de Kennedy cuando dijo “No me pregunten qué puede hacer su país por ustedes. Dí­ganme lo que ustedes pueden hacer por su nación’’.


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