La vida de los centenarios

“Me crié nadando encima de la carne”

  • Jacoba de Jesús de los Santos (Andrea) empezó a fumar a los siete años. ADRIANO ROSARIO/LISTÍN DIARIO.

Wanda Méndez
Santo Domingo, RD

Pese a que parió 15 muchachos, fuma desde los 7 años,  y frecuentaba  las fiestas donde bailaba y consumía alcohol, junto con su esposo,  doña Jacoba de Jesús de los Santos (Andrea), ha llegado a 104 años.

Su longevidad radica en la buena alimentación.  “Yo me crié nadando encima de la carne,”, afirmó.  Y solo comía la carne de res.

Su padre era un agricultor que trabajaba para producir la comida de la casa, y guardar. Sembraba plátanos, yuca, yautía, ñame, arroz, guandules y habichuelas.

 “Eso no era para vender, era para comer y criar los hijos y se guardaba para el próximo año. Antes los muchachos se criaban encima de la comida”, subrayó.

Ahora prefiere los víveres, ya no le gusta el arroz ni las habichuelas.

Cree que Dios le ha dejado esa edad larga “por mi conformidad”, ya que dice que no se afanaba mucho y siempre se ha  llevado bien con todos.

“Enemigo solo tengo a las moscas, porque no dejo que se me acerquen, yo soy sana con todo el mundo”, apunta. Es una mujer cristiana.  El 23 de septiembre, antes de acostarse, le prendió un velón a la Virgen de las Mercedes, para pedirle que la cuide.

Espera vivir varios años más. “No quiero que Dios me lleve por todo este tiempo, que me deje 3 años más,  hasta que yo pueda gatear”, comentó.

Vive con un hijo en una humilde casa de madera y zinc en Pedro Brand, provincia Santo Domingo.  cerca de varias hijas que van a atenderla.  

Su madre, Alejandrina de los Santos, murió de parto cuando ella y 9 hermanos estaban pequeños, por lo que su padre,  Estanislao de Jesús, continuó solo la crianza, hasta que al cabo de 10 años volvió a casarse, teniendo otros tres hijos.

Los primeros cachimbos los hacía de guayaba y palo de almendra. “Le sacábamos las semillas a la guayaba, le hacíamos un hoyito, cogíamos un palo de almendra, y le echábamos hojas de guandules secas”, rememoró.

Una vez su papá la encontró fumando y pensó que le iba a dar una pela, pero la reacción fue: “te vas a salvar porque eso es de herencia”.

El único sermón que le dio fue que no le podía pedir 5 cheles a nadie para comprar tabaco.

Todavía fuma tabaco en cachimbo o pipa después que se desayuna con una jarra de leche con pan.

Considera que el tabaco no hace daño y que por eso no ha sufrido de ninguna enfermedad vinculada a ese hábito. Entiende que el dañino es el cigarrillo, no el cachimbo.  

Es amante del café preparado en “colador” y en un “fogón”, porque lo encuentra más bueno que en la greca.  Hasta hace poco más de un año lo preparaba ella misma, al igual que cocinaba, pero ya no lo hace porque ha perdido la visión, producto de catarata. Sin embargo, a veces friega los platos.

“En hablándome a mí de café y de mi cachimbito, tamo bien”, comentó. Narró que en una ocasión se enfermó por complicaciones con un embarazo y que hubo que hacerle una operación de la que pensaban no se iba a salvar, por lo que los hijos ya se los tenían repartidos a los padrinos.  

 Dice que Dios fue que le permitió tener 15 hijos, porque “me mandaba esos muchachos, no uno tras otros”. Dijo que no evitaba tener hijos porque antes decían que le hacía daño a la mujer. Se casó legalmente a los 20 años con el padre de sus hijos, Paulino Figueroa Martínez, quien ya murió.

Señaló que el marido trabajaba la agricultura y ella atendía a los hijos, además de que ella se dedicaba a lavar oro que extraía de ríos para vender en San Cristóbal, y en la zona de la avenida Duarte con París, en el Distrito Nacional. Cuando tenía que dedicarse a esa labor, dejaba los hijos más pequeños con las dos hijas mayores y con la madrastra.

Se divertía saliendo a bailar, porque sostiene que “antes se bailaba”. Además, solía tomar ron. Recuerda que una vez se embriagó y que solo decía “cuídenme a no sé quién (una marrana)”.  Todavía se toma su vasito de cerveza para compartir con sus hijos.

Respeto

Andrea sostiene que antes los muchachos respetaban mucho, y que cuando se les decía que no podían hacer algo acataban esa orden sin contestar.  

Narró que escupía cuando mandaba a un hijo hacer un mandato, y que le decía que tenía que llegar antes de que se secara la saliva. “Ahora usted los manda en la mañana a un mandado y en la tarde no han llegado, los muchachos ahora no son como antes”, cuestionó.

Sostuvo que crió a sus hijos sin darles golpes, pero enfatizó que con decirles que miraran la vara con eso era suficiente.

“Antes si uno decía aunque sea huevo de gallina le daban una pela, había que decir un fián”, señaló, al indicar que cuando mencionaba la palabra “huevo” se entendía que decían una mala palabra.

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Su origen y familia

Jacoba de Jesús de los Santos (Andrea) nació en el paraje La Rosa, de La Cuchilla, Villa Altagracia, el 17 de octubre de 1914.

Desde el año 1964, vive en Pedro Brand, en la provincia Santo Domingo, donde se mudó con su familia desde Loma Linda, de San Cristóbal.  

Descendencia
De los 15 hijos que procreó solo quedan vivos 6, incluyendo la mayor, que tiene 79 años.

Tiene 26 nietos, 66 biznietos, 20 tataranietos y 3 choznos.

Salud
El mayor problema de Andrea es la falta de visión, aunque eso no le impide caminar por la casa y su entorno, pero sujetada a un bastón, por temor a caerse. Sufre de presión arterial y de osteoporosis, pero no ha perdido el ánimo y la energía de seguir viviendo.