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ENFOQUE

Objetividad perdida a 50 años de libertad de prensa

POLÍTICOS EN ROL DE COMUNICADORES NO HAN BENEFICIADO LA INFORMACIÓN

Cuando la Escuela de Ciencias de la Información pública (Periodismo) abrió sus puertas en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, se produjeron dos reacciones al parecer contradictorias: la esperanza del nacimiento de una nueva generación de periodistas, y al mismo tiempo la anticipada sustitución de los periodistas empíricos. Con la nueva escuela universitaria debutaba un grupo de distinguidos profesores como su director Freddy Gatón Arce, Ramón Lugo Lovatón, Carlos Curiel, Rafael Richiez Acevedo, Eridania Mir, Rafael González Tirado, Rafael Molina Morillo y Marcio Veloz Maggiolo. La veteranía de esos profesores ha hecho que algunos sigan vigentes. Gatón Arce, Lugo Lovatón, Curiel, Richiez Acevedo fallecieron, pero están activos la profesora Mir, González Tirado, Molina Morillo y Veloz Maggiolo. Los artículos de los tres últimos son de obligada lectura para los periodistas y el público. Molina Morillo es el director de El Día y González Tirado y Veloz Maggiolo son frecuentes articulistas y escritores de renombre. Los llamados periodistas empíricos habían tenido la responsabilidad de informar al público, sobre todo desde El Caribe y La Nación los principales periódicos de la época en momentos difíciles, antes del retorno a la luz pública del Listín Diario. La mayoría de esos empíricos eran nombres reconocidos por los lectores y reporteros experimentados. Había bastante apego a la Ley 6132, de reciente promulgación. Entre ellos había muy notables redactores como Rafael Herrera, Rafael Molina Morillo, Radhamés Gómez Pepín, Mario Álvarez Dugan, María Ugarte, Pedro R. Contín Aybar, Álvaro Arvelo, Manuel de Jesús Javier y Víctor Mármol, para citar solo algunos. Gómez Pepín dirige hoy El Nacional; Álvaro Arvelo escribe en ese diario y es el comentarista radial más oído y Mármol produce en la prensa escrita sus “Marmoladas”. Morillo escribe en El Día También estaban los hermanos Francisco y Eduardo Comarazamy. Eduardo falleció hace años tras haber tenido también una carrera en el servicio público, y Francisco, hombre atildado en todo, editor sabio y promotor del libro, escribe sus artículos en el Listín Diario con la lozanía de la vieja época pese a pasar del centenario. Gatón Arce, escritor fino y periodista veterano, fue un látigo contra la corrupción y los desafueros que se atribuían a la gestión de doce años del doctor Balaguer. Su obra editorial portentosa fue recogida hace algún tiempo por la noble iniciativa del empresario Pepín Corripio, que daba así a las nuevas generaciones de la prensa y al público una obra de consulta de mucha estimación. Gatón Arce privilegiaba la objetividad. La realidad, después de algún tiempo de reconcomio entre los llamados periodistas empíricos frente a los que eran vistos como intrusos y eventualmente profesionales, fue que los empíricos siguieron en sus puestos y no fueron reemplazados por los académicos. Solamente en el Listín Diario y en los medios radiofónicos y de televisión que surgieron, se produjo el debut. A casi cincuenta años de esos eventos, varios de los periodistas llamados empíricos siguen vigentes en la prensa dominicana. Algunos son directores, redactores y articulistas. La razón de esa presencia no es otra que su esmerada preparación, el conocimiento de la ética y la sabiduría en presentar las noticias y la ventaja de saber escribir. Objetividad perdida En el pasado, los periodistas estaban orgullosos de la objetividad y de la independencia, cosa que hoy se disputa abiertamente. Un redactor de un noticiario muy escuchado a mitad de los años de 1960 fue cancelado de su puesto. Cuando se preguntó qué había pasado, lo que se dijo fue que la dirección del medio observó que al rehacer las noticias que llegaban por el cable sobre la guerra de Vietnam, solía duplicar el derribo de los aviones norteamericanos. Como era de izquierda, asumía que las agencias de ese país mentían. Ahora de la objetividad no se habla y más bien se reniega. Es casi general la creencia de que los periodistas tienen su tendencia, su partido político o relación con negocios, debido en parte a las escuálidas remuneraciones, a lo cual hizo mención recientemente el presidente Leonel Fernández. El pluriempleo al que muchos se ven forzados dificulta la preparación de los periodistas que muchas veces salen “sancochados” de las escuelas de periodismo contemporáneas. Recientemente un reportero acreditado en el Palacio Nacional le preguntó de sopetón a una personalidad de función pública: ¿Dígame su nombre y su posición? La respuesta pudo haberle sorprendido: “Si usted no me conoce, cómo puede entrevistarme”. Ahí un ejemplo de la mala preparación, al buscar la noticia. La objetividad implicaba la presentación correcta de la noticia, sin añadidos personales del redactor, sin ocultar los hechos fundamentales y sin las libertades que ofrecen el análisis, los artículos de opinión, las crónicas deportivas y de sociedad que ameritan con frecuencia determinado sazón. En las escuelas de periodismo de los Estados Unidos todavía se predica la objetividad y en los grandes periódicos se respeta. En la República Dominicana el valor de la prensa por parte de los sectores extraños a ella ha sido sobreestimado en los últimos tiempos. Como resultado de ello personalidades de la política partidista se han introducido para ocupar el rol de comunicadores. Esa presencia probablemente no ha sido beneficiosa para la buena información del público puesto que han impuesto el sesgo partidarista en la presentación y en el debate noticioso. La fuerza de los medios de comunicación que ya en el siglo pasado tenía enorme peso en la formación de la opinión pública, se ha visto engrandecida por la aparición de la Internet, los llamados medios interactivos y el acceso masivo del público a opinar y utilizar los medios, en lo que al principio pareció una sana vulgarización de los mismos que propendía a que no fueran solamente usufructo de las élites ilustradas. Por el frecuente mal uso han devenido en fuentes de difamación, injuria o insinuación maliciosa. Código de comunicación Recientemente se ha estado discutiendo una serie de proyectos de ley para modificar el marco jurídico de la libertad de expresión y los medios de comunicación en el país. La iniciativa, del presidente Fernández, la implementa una comisión de juristas y comunicadores designados por decreto. Ellos son Molina Morillo, quien la preside; Namphi Rodríguez, Adriano Miguel Tejada, Jottin Cury hijo, Miguel Ángel Prestol, Rafael Núñez Grassals y Leonel Melo. El código modificaría la ley 6132. El presidente Fernández expresó, durante un panel celebrado hace días en la Fundación Global Democracia y Desarrollo, su preocupación por el mal uso de los medios de comunicación y por el empleo de malas palabras en los de radio y televisión.

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