José Rafael Llenas Aybar
“Todavía no sabemos por qué mataron a nuestro hijo”, padres José Rafael Llenas Aybar
Rafael e Ileana Llenas no descartan ninguna de las hipótesis
En la entrevista también estuvo presente Rafael Llenas, padre del niño asesinado y tío del principal responsable del crimen.
Rafael e Ileana Llenas conversaron con Gabriel Giubellino, periodista de Clarín, uno de los más influyentes diarios argentinos. La entrevista fue publicada el pasado 9 de agosto. Giubellino estuvo casi por dos semanas en Santo Domingo en calidad de enviado especial. A continuación reproducimos su relato:
Accionado a control remoto, el portón de la avenida Bolívar 1114 se desliza lento, como si el calor de la noche también lo afectara. Ese movimiento automático significa que los periodistas pueden entrar a la casa donde esperan Rafael Llenas e Ileana Aybar, marido y mujer, padre y madre de José Rafael, asesinado a puñaladas el 3 de mayo de 1996, a los doce años. Dos jóvenes dominicanos confesaron ser los autores del crimen, pero involucraron al marido e hijo de la ex embajadora argentina Teresa Meccia.
En el jardín hay estacionados "carros" importados, todos de valores importantes. La puerta de la casa la abre una mucama, impecable en su traje celeste y blanco que se destaca sobre el negro de su piel. Los periodistas, luego de atravesar un living donde cuelgan pinturas de artistas dominicanos, son invitados a esperar en la antesala del jardín, bajo un ventilador de techo, de cara a una piscina.
Es la primera vez que los Llenas dan una nota a la prensa. La familia dio una conferencia de prensa meses después del crimen para decir que ellos no se negaron a la autopsia, como se comentaba. Al tiempo, ofrecieron material privado -fotos, videos hogareños- que la periodista Nuria Piera, del canal 9 de Santo Domingo, transformó en un programa sobre la vida del niño. El especial salió al aire en momentos en que muchos se preguntaban cómo podía el niño haber sido violado anteriormente eso dice la autopsia- sin que en la casa y la escuela lo notaran. De nada de esto se habló en el programa.
-Eso no es cierto —la madre niega y baja los ojos—. Todos los manuales de psicología dicen que a un niño que le pasa algo así lo manifiesta y José (así lo pronuncia, con acento en la o) siempre se comportó normalmente.
Sentada sobre sillones de caña, la madre de José toma la posta a la hora de responder. Tiene el tono sereno y pausado, la voz decidida cuando recuerda el último día de su hijo.
-Fue el viernes 3 de mayo. A eso de las 3:20 salgo de casa. El niño se quedó estudiando. Como en la familia siempre hablamos de no decir mentiras, José me llama para decirme que su primo, que vivía en el mismo piso que nosotros, lo invitó a ver motores a un supermercado. Pero le pidió que no me lo cuente porque su madre, Nor, la hermana de mi esposo, no quería que lo sepa. Le dije que regrese a las 5:00.
A las 5:10 la mujer recibe una llamada en el celular. Era Mario José Redondo Llenas, el primo, de 19 años. Le dijo que José le había pedido que lo deje en el bowling.
-Voy a buscarlo a la bolera, cerquita —recuerda la madre—. Subo y no lo veo. Siento como un nudo en el pecho. Qué está pasando, me pregunto. Voy al supermercado. Recorro los tres pisos. No lo encuentro. La presión va en aumento. Vuelvo a casa antes de las 6 y arrancamos la búsqueda.
A las 8:20 Mario Redondo Llenas contesta una llamada. Repite que dejó al chico en el parqueo, con dos muchachos de su edad y un chofer.
Los buscan y no los encuentran. Esa misma noche distribuyeron 50,000 panfletos con la foto de José y la leyenda: "Desaparecido”. El sábado 4 el diario Listín de Santo Domingo amaneció con los datos de la búsqueda en la tapa. Esa mañana, a las 7, el cadáver de un chico apareció en un arroyo, con 34 puñaladas y la vena yugular cortada. Era José.
Mario, el primo, estuvo en el velorio. Desde hacía un año estaba distanciado de su tío. José Rafael Llenas vuelve a enojarse cuando cuenta el motivo de la pelea. “Yo le había arreglado un motor que tenía tirado y cuando le pedí que me lo preste porque lo necesitaba, me lo negó. Entonces lo marginé... no quiero decir, lo mantuve a distancia”.
Pero en el velorio Mario se acercó a Rafael Llenas, lo tomó de los brazos y le dijo: "Tío, todas las diferencias que hemos tenido, vamos a subsanarlas”.
Nunca sospecharon de él hasta que un amigo de Mario, Juan Manuel Moliné Rodríguez, confesó y lo involucró. El primo también confesó.
-¿Creen en la hipótesis del secuestro?
-No sabemos. No teníamos esos 10 millones que dijeron que iban a pedir por el rescate -contesta la madre.
-¿Y en los ritos satánicos?
-No sabemos por qué, ni por qué a él.
-¿Está alejada de su hermana Nora, la madre de Mario?
-Nos mudamos a los pocos días y rompimos relaciones —contesta el padre—. No entendemos cómo hace Mario para tener un perro chihuahua y un celular en la cárcel. A ellos ahora les va mejor que antes.
Cuando la charla se apaga, la madre busca una carpeta con notas de Clarín sobre el caso. Toma la del domingo pasado, lee una frase dicha por la madre del asesino, en la que dice llorar la muerte de un sobrino y la prisión de un hijo, y pregunta si ella dijo eso. Sí. La madre asiente con la cabeza, y se mantiene con los labios apretados. Callada, casi inmóvil. En silencio.

