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RITMO QUE ENCANTA

El Cibao, corazón de la música típica

"Al disfrutar de la música se vive la cultura y la magia que en ella prevalece”, dice el profesor Marcelino Ureña.

Hace unos años, la facilidad que había en la formación musical era muy precaria; los jóvenes no tenían la opción de ir a una institución a estudiar música, sumado a esto, los lugares donde se comercializaban los instrumentos eran muy escasos.

Actualmente, el panorama ha variado, porque gracias a algunas iniciativas se está haciendo camino para que más personas sean promotoras de la música típica.

Marcelino Montes Ureña es pianista y director del Departamento de Música del Centro de la Cultura desde el año 2007 en Santiago y asegura que con la Escuela de Música Popular Ñico Lora se aporta a la formación, porque diferentes infantes que deciden ocupar su tiempo en este arte, aprenden a tocar los instrumentos.

Cuna de talento Cada clase en las aulas le demuestra a Marcelino Ureña que el talento cibaeño es inconmensurable.

Se siente muy satisfecho por los logros obtenidos de renombrados artistas del Cibao como Eddy Herrera y Fefita La Grande.

“Santiago es una zona bañada de costumbres y sentimientos merengueros. Todos disfrutamos la música típica, de tal manera, que el corazón se alegra cuando escucha el sonido de esos instrumentos que nos hacen sentir llenos de un gozo difícil de explicar”, son las palabras del profesor Lupe Valerio.

Johanna Tavárez es una acordeonista del Cibao y ama la música típica dominicana. “Es importante nuevos exponentes luchen por mantener nuestras raíces. Si el merengue típico desapareciera nuestra identidad también lo haría”, explica Tavárez.

Ícono La alegría es parte de la música de los dominicanos y dominicanas. Su ritmo es pegajoso.

JESÚS NOESI Comenzó de cero a estudiar música en el Centro de la Cultura y toca saxofón.

TESTIMONIO Noesi se siente feliz por el avance que ha tenido en la escuela de música. “Cumplo mi sueño musical porque hay una escuela“, afirma.

Noche de cultura y sabor Es verano con proximidad a otoño. Santiago tuvo fiesta y los protagonistas de esa historia fueron Fefita La Grande y la fanaticada que desde temprano se dio cita para tomar un asiento y participar del concierto en el programa de actividades de Vivo Café que organizan los representantes del Centro León.

Ajustando los pantalones y desechando el calor, las personas comienzan a ponerse en ambiente y a esperar a la “mayimba del acordeón”, como le llaman Marcelino Ureña y otros admiradores de su innato talento. Miles de personas ocuparon el Patio Caribeño, los jardines y las áreas circundantes de la institución cultural. A las 8:00 p.m., media hora antes del concierto, ya no había parqueo disponible.

Justamente a las 8:28, Awilda Reyes, coordinadora de animación sociocultural del Centro León, subió al escenario y con un todo de voz carismática presentó a la “Soberana, Fefita la Grande, mujer de una energía indomable.

Llegó Fefita, al subir al tablero una estatuilla brillaba en sus manos. La levantó y dijo: “Este premio es de ustedes. Ese público que siempre ha confiado en la trayectoria de la vieja Fefa”. Con palabras cargadas de humildad, la reina del acordeón hizo cómplice a sus fanáticos y fanáticas de la alegría que siente al haber obtenido el premio Gran Soberano 2016, máximo galardón conferido por la Asociación de Cronistas de Arte de la República Dominicana.

Minuto a minuto La imponente energía deja claro los años de trayectoria y la probada habilidad de Fefita. Todas las personas que asistieron estaban atentas, cargadas de algarabía y deseosas de escuchar y bailar.

Pasaron diez minutos entre las palabras de salutación de la artista y la afinación de la orquesta. A las 8:41, momento en que se tocó el primer merengue, más de treinta personas se levantaron de sus asientos para grabar de cerca lo que sucedió, “no se me desamine que la vieja ‘ta enterita”, interpretó.

La música mueve, rejuvenece y encanta, así lo demostró Lidia Espaillat, quien a sus 80 años se levantó de su asiento y bailó como una adolescente cuando escucha a su artista favorito. Su ropa colorida resaltaba el ánimo, parece de 18 años. No paró la noche entera de gozarse a Fefita. A las 8:46 seguía la buena vibra, todos levantan sus manos y aplauden a unanimidad.

“Te amamoooos Fefita”, gritaban jóvenes, adultos y personas de la tercera edad. La legendaria intérprete del merengue típico agradeció a su público de forma constante y lo hizo de tal manera que las personas se sintieron parte de sus éxitos.

Las luces del escenario y los movimientos particulares de Fefita animaron a todos los cibaeños que se dieron cita la noche del viernes primaveral. Durante el encuentro, se agotó un repertorio intenso desde “Vamo’ a hablar inglé”, “O te menea o te apea”, “La aldaba”, “La pimienta”, “La malla prendía” y “La chiflera”.

Entre cantos y baile pasan los minutos. Justo a las 9:17 de la noche llegó el receso para la artista, la noticia no le agradó al público. “Que siga, que siga”, se escucha detrás pero el calor la obliga a bajar para descansar.

En ese receso algunas personas se tomaron fotos con su artista, otro grupo aprovechó para comprar empanadas, carne asada, sándwich, jugos y bebidas en los expendios que estaban ubicados en las diferentes localidades del patio.

Con acordeón “Allá en Castañuela, allá en CastañuelaÖ”, cantaba la prodigiosa, luego del receso. En su segunda intervención, usó su mayor aliado, el acordeón.

Más adelante, a las 10:33, llama a Tony Almont (reconocido artista de rock) que estaba entre el público para compartir con el caballero su escenario musical. “Habló un hombre”, dijo Fefita luego del saludo de Tony al subir a la tarima.

EL TIEMPO ESPERADO Todos los minutos fueron de gozadora total, pero al llegar las 10:40, el escenario, que estaba moderado, tomó su ritmo caribeño cuando la reina de la música típica dijo: “Ahora voy a pedirle a Awilda que todo el espacio se convierta en una pista de baile (Ö)”, y así pasó.

Con el sello distintivo de la puntualidad terminó el tiempo en tarima, pero afuera la reina del acordeón tiene a un público cibernético que necesita el selfie y la foto de recuerdo, la admirable acordeonista logra irse a la 11:15 de la noche. Todo el mundo de igual forma se retira paulatinamente.

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