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CINCO DÉCADAS

El Encanto es su gente

ASÍ COMO UNA EMPRESA NO ES SUS PAREDES, AQUÍ ESPRIORIDAD EL RESPETO Y EL BUEN TRATO A SUS COLABORADORES

Patricia Tejada y Grisbel Medina R.Santiago

Aresio de Jesús Céspedes, nativo de Tamboril, conserva con orgullo la primera foto que le tomaron en El Encanto, la empresa donde lleva laborando 32 años de los 55 que tiene de vida. Aunque se estrenó en el almacén de calzados, es actualmente el vigilante del estacionamiento de la tienda de la calle Restauración, donde vela porque reine la seguridad en los metros de múltiples entradas y salidas. “De aquí saqué mi casa, la hice bajo sacrificio”, cuenta después de guardar la antigua imagen donde se le ve con bigote y más cabello.La compañía que refiere Aresio es El Encanto, un lugar vestido de amarillo, fundado hace medio siglo en Santo Domingo por iniciativa de José Ramón Prieto y José Manuel Rodríguez, ambos de origen español, quienes, con sus ahorros abrieron una modesta zapatería el 23 de septiembre del año 1963.Tempestades hubo y también oportunidades en los años siguientes. El dúo emprendedor siguió adelante y hoy, al sol del 2013, son palpables los frutos de una idea que fue proyecto y que actualmente es sustento de cerca de 400 personas. Un lugar con medio siglo de historiaNunca están vacíos los pasillos de El Encanto. Y siempre hay una persona interesada en que las dudas queden despejadas. Sin hacer ruido en el área de zapatería está Antonio Fermín, quien lleva 32 años trabajando allí. El encargado de los anaqueles de calzado es un hombre reservado, pero jamás pasa por alto las inquietudes de quienes llegan en busca del producto ideal para resguardar los pies. “He pasado gran parte de mi vida trabajando aquí”, reconoce Antonio, quien no esconde la satisfacción que le produce ser parte de una empresa “que ayuda a tantos dominicanos”. En quienes dirigen el establecimiento reconoce personas “que dan ejemplo de trabajo, respeto y nos han enseñado muchas cosas valiosas”. Todo en ordenEn el mismo espacio está Natanael Rodríguez, quien desde hace quince años llega a El Encanto a las 7:45 a. m. a cumplir con la tarea de organizar el comercio para que todo esté en orden al abrir las puertas al público. “Mis compañeros de trabajo son mis hermanos. Empecé como vendedor y fui escalando. Mi esposa y yo tenemos dos hijos y El Encanto es nuestra principal fuente de sustento” admitió entusiasmado. Haciendo un esfuerzo para no dejarnos seducir por el olor que despiden los hornos en panadería, subimos por la escalera eléctrica a la boutique. Mientras José España escogía unos lentes de sol para su compañera Ana Sosa, ubicamos a Ángela Cruz, la supervisora del espacio donde venden ropa con etiquetas de fama internacional. De ojos muy expresivos, Ángela, nativa de Licey y con 21 años en la tienda, confiesa que El Encanto fue su primer y es también su único trabajo. “Es mi casa, mi hogar, llevo una vida aquí”, refiere sin poder evitar que las lágrimas nublen su hermosa mirada. Convencida y sin asomo de sentirse presionada, la ejecutiva de la boutique afirma que sus jefes son sagrados para ella. “A Monserrat Prieto ñla gerente- le tengo una consideración muy grande y también a don Alfredo Marcos. Agradezco mucho su confianza. Ellos han dejado cosas muy grandes en mis manos”, aseguró la dama. LA HISTORIA EN FECHAS CLAVESActualmente, en ventas de productos de consumo masivo, El Encanto es una de las empresas de mayor impulso de Santiago. Tiene más de 400 colaboradores y a disposición del público más de 50,000 productos informó el gerente general, David Prieto. Alfredo Marcos Prida, a quien se le reconoce la expansión de la tienda para el Cibao, se unió a los fundadores en 1969. En 1971 fue abierta la tercera tienda en la calle Duarte en Santo Domingo y en 1972 una en Plaza Naco. En noviembre de 1973 fue abierta la primera tienda El Encanto en Santiago, con domicilio en la calle Restauración esquina Duarte, donde permanece. Y el 13 de diciembre de 1992, ese espacio, con mayor amplitud, fue inaugurado como el primer establecimiento comercial por departamentos en la ciudad, siendo El Encanto el único lugar, en la época, donde vendían alimentos junto a otros artículos. Todo, para hacer valer el lema “De todo por menos”, informó Prieto.

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