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El Deporte lunes, 20 de julio de 2020

JUDOCA

Eleucadia Vargas reclama ingreso a la inmortalidad

  • Eleucadia Vargas reclama ingreso a la inmortalidad
  • Eleucadia Vargas reclama ingreso a la inmortalidad
Ramón Rodríguez
Santo Domingo, RD

 En la vida lo importante no es cómo se comience, sino como termina, dice el refranero popular, pero la judoca Eleucadia Vargas Reyes, que trascendió en la década de los años ’90, comenzó bien y terminó bien su carrera atlética.

Su primer gran evento fueron los Juegos Nacio­nales celebrados en 1987 en la ciudad de San Cristó­bal, donde ganó medalla de bronce hace 33 años. El último fue su actuación en los Juegos Panamerica­nos de Winnipeg, Toron­to 1999, en los que ganó medalla de bronce para el país.

Deseo materno
Marcada por su trayecto­ria, su madre Vicenta Re­yes Peguero, a sus 83 años clama que no quiere morir sin ver a su hija (Eleucadia) elevada a la inmortalidad deportiva.

“No quiero morir sin ver a mi hija (Eleucadia) entrar al Pabellón de la Fama”, di­jo doña Vicenta desde su hogar en la ciudad de San Cristóbal, mientras se pro­ducía una conversación por videoconferencia de ELDE­PORTE de Listín Diario con la atleta que reside en Bar­celona, España.

Vicenta tiene en su ca­sa, colgados en una pared, trofeos, medallas, reconoci­mientos y otros testimonios de la auspiciosa carrera de Eleucadia y los muestras co­mo evidencia de los méritos alcanzados por su hija que ha tenido que hacer vida en Barcelona.

la distancia y los años se han encargado de que poco a poco se haya olvidado de las hazañas de Eleucadia, ganadora de dos medallas de bronce en Juegos Pana­mericanos (La Habana 91 y Winnipeg 99), así como dos de plata y tres de bron­ce en Campeonatos Pana­mericanos (Hamilton, Ca­nadá 92; San Juan, Puerto Rico 1996; Santo Domingo 1998; y Montevideo, Uru­guay 99).

“Cada vez que me tocó representar mí país (Repú­blica Dominicana) lo hice con mucha dignidad y en­trega”, afirma Eleucadia.

A sus 50 años Vargas tie­ne la ilusión de alcanzar la inmortalidad deportiva.

“Mi sueño es llegar a la inmortalidad deporti­va”, confiesa la ganadora de medalla en tres Juegos Centroamericanos y del Ca­ribe (México 90, Ponce 93 y Maracaibo 1998).

“Me lo he ganado, me lo merezco por las cosas que he hecho por mí país”, re­plica la destacada ex judoca que dice extrañar Repúbli­ca Dominicana y que reside en Barcelona desde hace 19 años.

 A sus 50 años se siente realizada. Está casada con el español Francisco Díaz Núñez con quien ha pro­creado a Álvaro Díaz Var­gas, de 15 años.

Además de la desilución de no haber llegado a la in­mortalidad deportiva, tie­ne “una penita” que le in­quieta y es ver su natal San Cristóbal, cuna del judo do­minicano que “no tiene un local” público donde los ni­ños y adolescentes puedan ir a entrenar.

Descendencia
Vargas es la penúltima de nueve hermanos (Juan, Milcíades, Ulises, Fernan­do, Julio, Méxica, Elvida y Amarilis) procreado por la unión entre doña Vicenta y Juan Bautista Vargas (falle­cido), está marcada por su frustrada participación en lo Juegos Olímpicos de At­lanta 1996, tras un año de preparación para ese even­to, una lesión del menisco la dejó fuera del evento.

Recuerda con emoción la medalla de bronce alcan­zada en los Juegos de Win­nipeg, superando a su opo­nente canadiense en un agotador combate anima­do por casi todo un audito­rio que apoyaban su atleta. “Sabía que esos eran mis úl­timos juegos y quería des­pedirme con una medalla, darle a mí país una medalla y a fuerza de coraje y deter­minación, la logré”, .

Recuerda Vargas que apenas contó con un puña­do de dominicanos que agi­taban la bandera para ani­marla.

La posibilidad de su posi­ble inmortalidad deportiva está en manos del Pabellón de la Fama del Deporte Do­minicano.

 SEPA MÁS
De calidad mundial
Grandes eventos.

Eleucadia también estu­vo presente en dos olim­píadas (Barcelona 1992 y Sydney 2000) y en dos Campeonatos del Mun­do (Birmingham, Ingla­terra 1999 y Chiba, Ja­pón 1995).

Pioneras.
El judo dominicano hi­zo su primera aparición en la historia de los Jue­gos Olímpicos, en Barce­lona, España, en 1992, con la aparición de Aleo­cadia Vargas y Altagra­cia Contreras.