EDITORIAL
Más seguridad en nuestras escuelas
La violencia infanto-juvenil, que ha echado raíces en las calles, también permea el corazón de nuestras escuelas.
En estos espacios, con inusitada frecuencia, se originan episodios de sangre y violencia que ameritan mayores medidas de prevención y control por parte de las autoridades.
A veces resulta complejo discernir si este fenómeno germina en las calles o en los centros educativos, pero lo cierto es que sus protagonistas son niños y adolescentes.
Una luz de esperanza se vislumbra ahora en la decisión que han tomado la Procuraduría General de la República y el Ministerio de Educación para enfrentar esta problemática.
Ambas instituciones han firmado un acuerdo para establecer un mejor marco de protección a la seguridad de docentes y alumnos, tal como lo solicitamos recientemente en un editorial.
Esta medida conllevará inspecciones conjuntas en los centros educativos donde hayan ocurrido incidentes, estableciendo un monitoreo permanente con informes de novedades en tiempo real.
Funcionarios de ambas entidades conformarán una mesa de trabajo permanente para garantizar la tutela efectiva de los derechos de los niños, niñas y adolescentes (NNA) dentro del sistema educativo.
Los ojos del ministerio público, que son los ojos de la sociedad misma, no pueden cerrarse ni siquiera parpadear ante este inquietante fenómeno, ya expuesto por el Listín Diario en una serie de reportajes.
Es necesario someter a las escuelas a una profunda profilaxis interna, para evitar que los patrones violentos originados en las calles malogren su función esencial: formar y educar en moral y buenas costumbres a las nuevas generaciones.
¡Enhorabuena por esta crucial e importante alianza entre la Procuraduría General de la República y el Ministerio de Educación!

