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Se hunden los cimientos morales

El primer domingo de este mes la sociedad dominicana quedó sobrecogida por la noticia de que un hombre de 53 años mató a su hija, de 14, y luego se suicidó en Juan de Herrera, San Juan.

El pasado domingo fue otro hombre de 42 años el que violó y posteriormente estranguló a su hijastra de 13 años, intentó suicidarse pero fue atrapado ileso en un hecho ocurrido en Villas Agrícolas, Distrito Nacional.

La lista de acciones violentas y asesinas contra adolescentes es larga, pero solo estos dos ejemplos –ocurridos en dos semanas- ilustran el grado de degeneración a que está llegando la convivencia familiar.

Esos crímenes atroces reflejan a hombres atrapados en su ignorancia, la falta de educación emocional y la desesperanza como un colmo a la situación particular que viven.

Si bien tanto en San Juan como en Villas Agrícolas ambas bestialidades levantaron la congoja colectiva y el lamento, la sociedad dominicana no puede asumir estos hechos como simples estadísticas fatales.

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Hay que pasar de la consternación a la acción activa para defender la vida.

La defensa de la vida, especialmente de personas vulnerables como la niñez, adolescencia y la adultez, requiere ya, de acciones preventivas puntuales.

Se impone que en todos los colectivos humanos se rescate el respeto por las damas, por las niñas, por los adultos mayores, por las personas con discapacidades, concebido como un deber y un honor.

Así como personas sin atributos se han hecho famosas por sus excentricidades y se convierten en ‘modelos a seguir’ por sus iguales, la gente decente, digna, estudiosa, trabajadora, solidaria y honesta, tiene que luchar por enseñar su ejemplo para moldear a las nuevas generaciones.

Si los espacios sociales y virtuales se dejan para que gente vacía de ideales y de dignidad los ocupe, la sociedad dominicana verá más comportamientos aberrantes y más parricidios cada día.

La escuela, las iglesias, las sociedades cívicas, los medios de comunicación, las instituciones estatales, los equipos deportivos y culturales, deben multiplicar esfuerzos para mostrar a todos que los buenos son más y su ejemplo se debe seguir.

Hay que volver a los fundamentos de la familia unida, marcada por el respeto.