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editorial

El colmo de la incompetencia

Decenas de personas que trabajaron en el Censo Nacional siguen clamando en el desierto para que les paguen por su trabajo en diferentes fases de ese proceso.

Desde el 30 de noviembre del año pasado están a la espera de sus cheques.

Y ya se cumplirán cinco meses de afanes infructuosos y de esperanzas rotas para que la Oficina Nacional de Estadística honre sus compromisos.

Tan pronto finalizó el Censo, una larga lista de colaboradores recibió la promesa de que antes de finalizar el primer trimestre de este año, se les pagaría.

La explicación que se dio entonces, para tapar esta increíble muestra de incompetencia, fue la de que se estaba completando la documentación de cada uno de ellos para “cerrar la elaboración de las nóminas y ejecución de los pagos”.

No se explica que contando con un presupuesto de más de 3,600 millones de pesos, la ONE dijera el 30 de marzo que “ya cuenta, para el año fiscal 2023, con la disponibilidad de recursos para cumplir con el personal pendiente”.

Una excusa traída por los cabellos, porque se supone que esos compromisos estaban presupuestados para ser cubiertos al final de la jornada, por cierto, muy afectada por tropiezos logísticos que han retrasado la divulgación de sus resultados.

Vencido el plazo que esa misma oficina se dio para finiquitar la deuda, ha corrido otro mes y nada de nada.

Estamos francamente ante uno de los más célebres y penosos chascos de la burocracia oficial, que deviene en abuso y desconsideración a humildes ciudadanos que dieron su tiempo y su esfuerzo para el cumplimiento de una prioridad nacional.

Con este tipo de incompetencias, la ciudadanía podría asumir que si la ONE no ha podido pagar por un servicio contratado, tal vez lo sea por igual de incapaz para ofrecer datos irrefutables y verídicos sobre las cifras del censo de población y vivienda.

¡Paguen ese dinero ya, sin tantos subterfugios! 

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