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Presidentes en el horno

Un misterioso sino, que se va tejiendo en sus actos de poder, está empujando a varios presidentes y expresidentes hacia un destino fatalista.

Especialmente en América Latina, aunque el fenómeno también proyecta sus dimensiones en Europa y Estados Unidos.

En menos de una semana, dos expresidentes, Donald Trump, de Estados Unidos; y Sebastian Piñera, de Chile, tienen encima los focos de la justicia, que procura que rindan cuentas en los tribunales ante algunas imputaciones.

A su vez, el actual presidente del Ecuador, Guillermo Lasso, ha sido colocado a las puertas de un juicio político por un presunto delito de peculado, en la misma saga del que esperaba a Pedro Castillo, en Perú, antes de su desesperado autogolpe para eludirlo.

Si no es en la forma de persecución, sea esta de naturaleza política o judicial, los candeleros acercan el fuego de la impopularidad a otros mandatarios en ejercicio, a los que gobernar se les ha hecho difícil.

Dos años atrás, el gobernador de Puerto Rico, Ricardo Roselló, tuvo que renunciar al cargo apabullado por las protestas populares tras unos comentarios discriminatorios.

Y el primer ministro inglés, Boris Johnson, también se vio forzado a dimitir por una tontería: organizó una fiesta privada en medio de la pandemia del Covid, cuando el país estaba sometido a las privaciones del confinamiento.

Sin que todavía puedan medirse sus consecuencias a futuro, otros presidentes, como Gustavo Petro, de Colombia, ha cosechado en breve lapso un nivel de desaprobación del 54 por ciento; Joe Biden, de Estados Unidos, un consistente 55 por ciento, mientras Emmanuel Macron, en Francia, apenas se sostiene con un 28 por ciento de aprobación.

Si alguna moraleja dejan estos sinos fatales es la de que si gobernar es difícil, salir tranquilo o indemne del poder, lo es todavía más en estos tiempos tumultuosos.

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