Opinión

EDITORIAL

Creen que somos pendejos

Dos comisionados de la ONU, el de los refugiados y el de los derechos humanos, parecen que ven al país como un Estado pendejo, al que le pueden dictar y tratar de imponer líneas de comportamiento aún cuando transgredan nuestra Constitución.

Su intromisión en los asuntos internos es tan permanente y desembozada que hasta llegan a exigir o dar instrucciones a los gobiernos sobre lo que deben o no hacer frente a los refugiados y los derechos humanos.

Tan persistente ha sido su acoso para que el país ignore su Constitución y sus leyes que sus comisionados ya sienten que pueden hablar y actuar como procónsules y etiquetarnos como un país racista y xenófobo.

Muy bien hizo el presidente Abinader en pararle el coche al deslenguado comisionado de los derechos humanos que le estaba exigiendo detener las deportaciones de haitianos ilegales, pasando por alto que esta es una potestad soberana de la República Dominicana y de cualquier otro país.

La reacción del presidente Abinader, a la que se ha sumado el expresidente Leonel Fernández, fue la de rechazar la imposición y anunciar la continuación de las repatriaciones, incrementándolas inclusive.

El gobierno ha dado muchas muestras de que quiere enfrentar este problema de la migración ilegal, que lo percibe como una amenaza a la seguridad nacional.

En esa línea ha sido más consistente que los anteriores, que en ocasiones se plegaron a estos mandatos de organismos internacionales temerosos de alguna represalia o estigmatización.

Desde entonces, nos ven como pendejos que se subordinan a sus dictados y cada vez levantan más la voz y la arrogancia para darnos órdenes.

Entre las distintas muestras que ha dado el presidente Abinader para enfrentar el problema en todas sus aristas está la orden de construir un muro fronterizo, el reforzamiento de tropas militares para custodiar la frontera, la deportación de miles de ilegales en las últimas semanas y ahora la creación de una unidad especial para prevenir y perseguir a los ilegales que invaden propiedades públicas y privadas.

Lo único que está faltando es hacer sentir su poder para acabar con la mafia militar, política y empresarial que facilita la penetración ilegal de esos haitianos, su contratación laboral por encima de la proporción 80-20 y la usurpación de terrenos que luego se convierten en ghettos o asentamientos.

Hace falta un gran barrido de los corruptos que están en las filas militares fronterizas, y denunciar públicamente la doble moral de políticos y empresarios que se aprovechan de la inmigración ilegal, sin importarles la seguridad nacional y el orden público y los ataques contra la soberanía.

A estos también el presidente Abinader debe de demostrarles que no es un mandatario pusilánime ni títere de los organismos internacionales ni aliado de estos traidores a la Patria.

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