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Editorial martes, 21 de junio de 2022

La prensa no puede andar a tientas

De repente, como si se tratara de un vendaval, han comenzado a soplar los vientos que intentan barrer los espacios de libertad ya ganados por los ciudadanos y los medios de comunicación en nuestro país.

Una serie de iniciativas legislativas sacadas de la manga del oficialismo en el Congreso apuntan a inhibir el libre ejercicio del periodismo con prohibiciones y sanciones penales, tal como lo hacen las dictaduras incipientes para controlar la información.

Pese a que la Constitución y las leyes han delimitado claramente las zonas rojas que no pueden pisar la prensa ni los ciudadanos, en su sagrado derecho a la información y la expresión, con tal de asegurar el respeto a la honra, la intimidad y la privacidad, hay fuerzas que están pavimentando el terreno de la censura y la autocensura.

Ya lo hemos visto en América Latina, donde nunca cesan los intentos por acorralar la libertad de expresión con legislaciones que apuntan a tipificar nuevos “delitos” de palabra, para justificar penalidades, sanciones y restricciones a los medios de comunicación.

Bajo la premisa de combatir la epidemia de noticias falsas, también se alientan normas y leyes que en el fondo buscan neutralizar a medios y condicionar sus contenidos, autorizando sanciones penales o administrativas como formas de intimidar y hacer claudicar a los defensores de la libertad de expresión.

Ya el Senado dio su visto bueno a un proyecto que, por más máscaras que intenten ponerle, es una pura ley mordaza, mientras una comisión cameral estudia otro proyecto para regular, con sanciones incluidas, la publicidad, y ahora entra al Congreso el viento fuerte de la ley contra los ciberdelitos, con iguales sesgos.

Tantas pinzas en movimiento sobre la libertad de expresión resultan inexplicables en una sociedad que le debe su estatus democrático a la vigencia de este libre ejercicio de la información y la emisión de las ideas, sin cortapisas, salvo las que establecen regulaciones constitucionales y legales de larga data.

La prensa libre no puede ser obligada a andar a tientas en un campo minado de peligrosas restricciones, como las que ahora se pretenden poner desde el Congreso Nacional.