Opinión

Otra celada haitiana

Por dos veces, Haití ha manipulado el sentido de las conversaciones oficiales que sus máximas autoridades han sostenido con el presidente Luis Abinader.

En mayo de 2021, el entonces presidente haitiano Jovenel Moïse dijo, tras reunirse con Abinader en Quito, Ecuador, que ambos habían acordado “no caer en el juego de los ultranacionalistas” en torno al conflicto por la construcción de un canal sobre el río Masacre.

Pocas horas después, el canciller dominicano, Roberto Álvarez, puso en claro que ese asunto no se había tocado porque estaba en manos de las cancillerías de ambos países.

La segunda manipulación ocurrió ayer cuando el gobierno haitiano dijo que su primer ministro, Ariel Henry, y el presidente Abinader, reunidos en el marco de la IX Cumbre de las Américas, en California, habían acordado un plan de regularización de los inmigrantes y trabajadores haitianos en el país.

Tuvo el propio presidente Abinader que hacer el desmentido oficial de que no hubo tal acuerdo. En ambos casos ha habido, como se aprecia, una inapropiada y anti-diplomática falta de respeto a la República Dominicana al divulgar, unilateralmente, los resultados de las conversaciones entre sus máximas autoridades.

Y, por el otro, un descarado uso de la mentira para distorsionar la verdad de lo tratado en las dos ocasiones.

Atribuirle un absurdo al presidente Abinader como el de aprobar la regularización de haitianos indocumentados y sin identidad fehaciente equivaldría a violentar la ley migratoria y a colocar al mandatario dominicano en choque con la Constitución, que no le da facultades para otorgar a esos extranjeros derechos que las leyes del país no contemplan.

Hacerlo significaría reconocer, de facto, la nacionalidad dominicana a los inmigrantes y descendientes de haitianos, otorgándoles estatus de residentes legales con opción a la ciudadanía, sin un expreso mandato legal.

Es obvio que, con esos antecedentes, Haití juega sucio en sus relaciones con nuestro país, recurriendo a celadas y retorcimientos de la verdad para crear falsas expectativas en temas muy sensitivos y delicados.

Another Haitian trap Twice, Haiti has manipulated the meaning of the official conversations that its highest authorities have held with President Luis Abinader.

In May of 2021, then-Haitian President Jovenel Moïse said, after meeting with Abinader in Quito, Ecuador, that both had agreed "not to fall into the game of ultranationalists" regarding the conflict over the construction of a cove on the Masacre River.

A few hours later, the Dominican Foreign Minister, Roberto Álvarez, made it clear that this matter had not been touched on because it was in the hands of the foreign ministries of both countries.

The second manipulation occurred yesterday when the Haitian government said that its prime minister, Ariel Henry, and President Abinader, in a meeting at the framework of the IX Summit of the Americas, in California, had agreed on a regularization plan for Haitian immigrants and workers in the country.

President Abinader himself had to make the official denial that there was no such agreement. In both cases there has been, as can be seen, an inappropriate and anti-diplomatic lack of respect for the Dominican Republic by unilaterally disclosing the results of the talks between its highest authorities.

And, on the other, a brazen use of lies to distort the truth of what was discussed on both occasions.

Attributing an absurdity to President Abinader such as approving the regularization of undocumented Haitians without reliable identity would be equivalent to violating immigration law and placing the Dominican president in conflict with the Constitution, which does not give him the power to grant these foreigners rights that the laws of the country do not contemplate.

By doing that would mean recognizing, in fact, Dominican nationality to immigrants and descendants of Haitians, granting them legal resident status with the option of citizenship, without an express legal mandate.

It is obvious that, with this background, Haiti plays dirty in its relations with our country, resorting to traps and twisting the truth to create false expectations on very sensitive and delicate issues.

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