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Editorial domingo, 23 de enero de 2022

El árbitro de nuestras discordias

 

Fue la puerta que siempre se abrió para promover los entendimientos, las conciliaciones y los consensos. 

Una especie de árbitro de las discordias que, con la benevolencia del ser religioso pero el tesón de un mediador que no se fatiga, le evitó a la sociedad dominicana muchas crisis en potencia. 

Su principal don fue el de nunca declararse vencido ni desanimado frente a las fatalidades o frente a los nubarrones que ensombrecían una crucial negociación política o un decisivo acuerdo entre obreros y patronos o entre el gobierno y algún sector social. 

Su gran virtud fue, en realidad, la de promover la cordura, la sensatez y los valores de la solidaridad y la fe en la Patria, por encima de las maledicencias o los vituperios de los intransigentes o de las dudas que sembraban los incrédulos o los pesimistas.

Su historia como mediador por excelencia y por preferencia de las partes enfrentadas cubre medio siglo, uno de los ciclos más agitados e inciertos en la vida dominicana. 

Solo han trascendido las formas y los alcances de los compromisos que se ensamblaron bajo su atenta conducción de las negociaciones, pero los prolegómenos de tensión y de desesperanzas que amenazaban con hacerlos fracasar son más elocuentes, aunque muchos no los conozcan. 

Queda, pues, su obra mediadora como base de una cultura del diálogo y del consenso, pilares elementales para erigir un estado democrático, pluralista, en el que la búsqueda del bien común no sea un compromiso exclusivo de una parte de la sociedad, sino del conjunto. 

Al fallecer a los 88 años de edad, monseñor Agripino Núñez Collado, rector emérito de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, puede llevarle al padre espiritual el fardo fructífero de sus obras misioneras, educativas y conciliadoras.

Y podrá sentirse satisfecho de que cumplió en la tierra con su vocación, sus principios y su amor por la Patria, sin desfallecer ni rendirse, por más críticos que fueran los apremios de aquellos que tocaron su puerta cuando ya no veían caminos de solución a sus desacuerdos, sus frustraciones o sus desesperanzas. 

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