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Editorial jueves, 02 de diciembre de 2021

Ni amigos ni enemigos

La justicia dominicana, poco a poco, ha ido rompiendo los anclajes que le impedían enfrentar la corrupción administrativa y otros delitos graves.

Ahora luce que ya no es un rehén del poder político, situación que la mantenía con las manos atadas, timoratas o miedosas, para impartir auténtica justicia.

Con un ministerio público independiente, es cuanto más relevante resulta su misión de restaurar la confianza perdida y revestirse, al mismo tiempo, de su autoridad intrínseca para aplicar justicia sin distinguir jerarquías.

“No tenemos ni amigos ni enemigos”. Con este contundente apotegma ha descrito la procuradora general de la República, Miriam German Brito, la filosofía jurídica que inspira la gestión de un ministerio público independiente.

Bien que esa sea la medida de la balanza.

La persecución de los corruptos o los jefes y cómplices del crimen organizado, sean funcionarios actuales o pasados, debe someterse a este principio cardinal que ella ha proclamado: el debido proceso de ley.

Así se evita que la decisiva y firme determinación de impedir la impunidad de esos delitos, resulte sesgada por el populismo penal o por el desconocimiento del debido proceso, como muchos desearían.

Apegada a la línea de no actuar con paños tibios ni maltratos, sin enconos pero sin indulgencias, la procuradora general está imprimiéndole a la figura del ministerio público independiente el valor y la majestad que nunca antes había ostentado, para orgullo de la sociedad.

Neither friends nor enemies
The Dominican justice, little by little, has been breaking the anchors that prevented it from facing administrative corruption and other serious crimes.

Now it seems that she is no longer a hostage of political power, a situation that kept her hands tied, timorous or fearful, to impart authentic justice.

With an independent public prosecutor, the more relevant is its mission of restoring lost trust and clotting, at the same time, its intrinsic authority to apply justice without distinguishing hierarchies.

"We have neither friends nor enemies." With this forceful apothegm, the Attorney General of the Republic, Miriam German Brito, has described the legal philosophy that inspires the management of an independent public ministry.

Well that is the measure of the balance.

The persecution of the corrupt or the bosses and accomplices of organized crime, whether current or former officials, must be subject to this cardinal principle that she has proclaimed: due process of law.

This prevents the decisive and firm determination to prevent impunity for these crimes from being biased by criminal populism or by ignorance of due process, as many would like.

Adhering to the line of not acting with warm cloths or mistreatment, without anger, but without indulgences, the attorney general is giving the figure of the independent public prosecutor the value and majesty that she had never displayed before, to the pride of society.