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Editorial viernes, 26 de noviembre de 2021

Cayó la manzana de la discordia

Al destituir a su canciller Claude Jo­seph, el gobierno del primer minis­tro haitiano se ha quitado de encima la ficha que estaba dinamitando las relaciones entre su país y el nuestro.

De paso, el primer ministro Ariel Henry aleja de su lado a un personaje que, curiosamente, nunca fue objeto de las virulentas amenazas proferidas por uno de los líderes de la mayor banda terrorista armada, la G9, como las que constantemente diri­gieron contra la “Primatura”.

En un ambiente minado por las conspiraciones, antes y después del magnicidio del presidente Jovenel Moï­se, la línea dura de Joseph rivalizaba con la moderada y conciliadora de Henry, una especie de quinta columna en el mismo corazón de un gobierno vapuleado por la crisis de inestabilidad e inseguridad de Haití.

Mientras Henry dejaba en manos del veterano diplo­mático Daniel Supplice el manejo de las conversaciones directas con República Dominicana, en aras de asegurar una cooperación y mediación estratégica favorable, el imprevisible Joseph la torpedeaba astutamente.

Intentó provocar al propio presidente Abinader y, más adelante, desafió su autoridad como jefe del Estado al desconocer la soberanía que tiene el país en la administración de las aguas del río Dajabón o Masacre, las cuales pretendía derivar el gobierno de Moïse, en violación a un tratado bilateral.

Al deshacerse de la manzana de la discordia que, sigilosamente, minaba la propia estabilidad del gobierno de transición, el primer ministro Hen­ry y su nuevo gabinete tienen la oportunidad de reconstruir las relaciones con República Dominica­na, el único paño de lágrimas de Haití.

Es el gobierno de Abinader el único, en este hemisferio, que puede acompañar a distancia prudente a Haití en el objetivo de articular una política de pacificación, orden y seguridad mien­tras se avanza en un acuerdo político de unidad nacional, ya que es el que ha llevado la voz can­tante en el orden internacional para promover esas soluciones.

Si se echan a un lado a los que dinamitan ese proceso, es probable que el país flexibilice algu­nas medidas fuertes que, como respuesta a los des­plantes de Joseph y su grupo, tuvo que tomar para hacer sentir que, en este tablero, la posición domi­nante la ostenta la República Dominicana, sin abu­sar de ella, por supuesto.