Opinión

Una chispa y ¡adiós registro de la identidad

El santuario de la identidad ciudadana, donde están archivadas las actas de nacimientos, matrimonios y defunciones del país, es un fichero en peligro.

La estrechez de su espacio, que obliga a una abigarrada sucesión de tramerías repletas de los libros originales de los últimos siglos, lo hace vulnerable a la contaminación o a la desaparición, si ocurriese un indeseado cortocircuito.

Peor es que muchos de esos libros, maltratados ya por descuidos o inadecuadas condiciones ambientales, pudieran no servir para nada, ni siquiera para reproducirlos digitalmente.

Hace falta un esfuerzo de rescate de ese centro de datos vitales de la República que existe en las instalaciones de la Junta Central Electoral para resguardar esa valiosa riqueza documental del mismo modo que lo hace el Archivo General de la Nación.

La misma precariedad del método de archivo prevalece también en distintas oficialías del Estado Civil, en las que libros de actas han quedado chamuscados, semidestruidos, ilegibles o desaparecidos.

En la sede central de servicio de la JCE, este archivo se torna cada día más difícil de operar porque hay baja iluminación, sus pasillos apenas permiten que una persona pueda moverse para buscar un libro, y se precisa de una urgente labor de desinfección, reorganización y evaluación de los mismos, antes de que se pierdan irremediablemente.

A spark and goodbye identity registration! The sanctuary of citizen identity, where the country's birth, marriage and death certificates are archived, is a file in danger.

The narrow space, which forces a motley succession of plots full of the original books of the last centuries, makes it vulnerable to contamination or disappearance, should an unwanted short-circuit occur.

Worse is that many of those books, already abused by carelessness or inadequate environmental conditions, could be useless, not even to reproduce them digitally.

An effort is needed to rescue that vital data center of the Republic that exists in the facilities of the Central Electoral Board to protect this valuable documentary wealth in the same way that the General Archive of the Nation does.

The same precariousness of the archiving method also prevails in different civil registry offices, in which minute books have been scorched, semi destroyed, illegible or missing.

At the JCE headquarters, this archive becomes increasingly difficult to operate because there is low lighting, its corridors barely allow a person to move to look for a book, and urgent disinfection, reorganization and evaluation is required, before they are irretrievably lost.

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