Las terribles secuelas

Si la mayoría supiera que el coronavirus zarandea órganos humanos hasta tiempo después del primer contagio, más conciencia tendría de la necesidad de protegerse para no contraerlo.

El Covid, por lo visto, no se queda en un episodio pasajero, por lo general traumático. Al cabo de la “recuperación” de alguien que quedó atrapado en sus garras, surgen secuelas terribles y comprometedoras para su salud y vida.

Ya comienzan a aflorar los testimonios de médicos y pacientes sobre las inmediatas e inesperadas consecuencias que produce el Covid tras un contagio: afecta la memoria, causa algún tipo de desajuste cerebral, ocasiona fibrosis y embolias pulmonares, cansancio e infartos al corazón.

La ciencia médica está reportando a menudo otras sorprendentes manifestaciones de daño, como la aparición de un llamado “hongo negro” que se ha derivado de la variante india Delta, tan letal como ella.

También han resultado sorprendentes los descubrimientos de secuelas en la piel, la boca y la lengua, en los canales respiratorios y el hígado, que fácilmente pueden considerarse factores precursores de mayores riesgos a la salud humana.

Por eso es necesario evitar el primer episodio del contagio, ya que el Covid se reputa como un “virus traicionero”, que parece no conformarse con abatir a los individuos en la etapa inicial o en una reinfección, sino que persiste en debilitarlo o matarlo mediante sus novedosas secuelas.

La prevención, a través del uso de mascarillas, distanciamiento físico, higiene y vacunación oportuna, debe ser hoy la prioridad y la responsabilidad de todos los que aún tienen la suerte de no haber sido tocados por esta maligna calamidad, pero que no están enteramente a salvo de ella mientras no venzamos la pandemia.

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