Opinión

Lejos de ganar la batalla

Con más del 16 por ciento de su población vacunada e inmensos recursos invertidos para frenar el coronavirus, los Estados Unidos proclaman que “aún estamos lejos de ganar la guerra” contra la pandemia.

La gran potencia no ha escatimado esfuerzos para avanzar en la inmunización de sus 300 millones de habitantes, adquiriendo las vacunas necesarias y disponiendo amplias medidas sanitarias con esos fines.

Pero ayer el presidente Joe Biden, en un dramático desahogo de sus frustraciones por el agravamiento del panorama de muertes y contagios, admitió que “nuestro trabajo está lejos de terminar”.

La aparición de nuevas variantes del Covid y el relajamiento de las medidas de prevención en muchos estados con los “comportamientos imprudentes” de ciudadanos han traído consigo un repunte de los casos, que montan los 30 millones y 549,000 muertes.

Si ese es el cuadro que presenta la nación más empoderada de insumos, vacunas, medicinas, doctores, con una vasta red hospitalaria, farmacéutica y de centros de inmunización para hacer frente a la amenaza pandémica, ¿qué suerte les esperaría a los países menos dotados para enfrentar la crisis?

Lo paradójico es que la receta para el éxito cuesta menos que el daño acumulado. Con aplicar estrictamente las reglas del distanciamiento, usar mascarillas y limitar los agrupamientos de personas, más la vacunación, que es una vía segura para proteger la salud de todos, la victoria no estaría tan lejos ni tan incierta como hoy.

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