2020, el detonante del salto digital

Miguel Franjul
Santo Domingo, RD

La transición hacia las plataformas digitales había sido, hasta el 2020, un proceso gradual, en algunos casos timorato, para la mayoría de los medios impresos de la prensa tradicional.

Si bien se vislumbraba como una ineludible necesidad ante el apabullante crecimiento de las audiencias digitales, favorecidas por la masificación del uso de dispositivos electrónicos, especialmente el teléfono móvil, las respuestas eran tímidas, experimentales, esperando a ver qué pasaría.

Pero en la medida en que el modelo de negocios cambió y los diarios impresos vieron reducir sus ingresos publicitarios y la pérdida de suscriptores, la necesidad de una reinvención se hizo entonces más acuciante. Y hoy día ya es un sendero sin retorno.

Mientras hacíamos camino al andar, la pandemia del Covid-19 se convirtió en el detonante de una forzada e inevitable alternativa hacia el “digital primero”, que supone un nuevo escenario de retos para la prensa tradicional, que ha debido crear un híbrido entre las ediciones impresas y digitales para poder sobrevivir.

Al tratarse de un nuevo ecosistema de la información, las adaptaciones se han ido haciendo en función de las capacidades financieras de los medios para adquirir tecnologías y para reeducar a su personal, involucrándolos en la comprensión y manejo de las claves del periodismo digital. El trabajo a distancia, es decir, con redacciones desiertas a causa de las cuarentenas y la obligatoriedad del distanciamiento físico, no estaba en la agenda del 2020.

Fue ese, sin lugar a dudas, el mayor empujón hacia una transformación más acelerada, más apremiante, dentro de la cual emergen cada día nuevas formas de dar las noticias, un modelo de periodismo de nichos para contenidos especializados y vías más prácticas para asegurar ingresos y sostenibilidad.

En lugar de transición, ya debemos hablar de transformación y, en ese contexto, de migración plena hacia lo digital, preservando los formatos impresos para un periodismo afincado en la profundidad, la calidad y la credibilidad de sus contenidos. No hay marcha atrás.