Paz y orden en la campaña

En un proceso electoral abierto como el actual, con dos elecciones generales entre marzo y mayo, lo previsible es que todas las fuerzas políticas estén en permanente movimiento para lograr el triunfo.

Un fenómeno inesperado, el de las manifestaciones pacíficas de jóvenes ante la sede de la Junta Central Electoral, ha generado réplicas en otras partes del país, ha ocupado ahora el primer plano del escenario, dándole nuevos matices a la campaña.

La campaña hacia las elecciones municipales fallidas del pasado día 16 fue abierta el 8 de noviembre del año pasado y ha transcurrido, salvo contados episodios de violencia, sin mayores repercusiones, dentro de los parámetros de una civilidad aceptable.

Lo altisonante se da, como siempre, en el lenguaje de los partidos o de sus militancias, pero la confrontación no ha excedido los marcos de respeto mutuo hacia sus actividades públicas, como caravanas, mítines, lo cual es indispensable para crear un clima de orden y respeto antes de los comicios.

Las campañas pacíficas han demostrado que son expresiones usadas y respetadas en las sociedades civilizadas. No hay necesidad de provocar la violencia para promover una aspiración política o una reivindicación social o laboral.

El sistema democrático se fortalece cuando todos los actores del proceso, vale decir, todos los ciudadanos, asumen el acto de ir a votar como uno de sus más sagrados derechos, que nadie puede violar ni mucho menos impedir, sean cuales sean las circunstancias.

Si en otros países se perciben desencantos con la democracia, podemos decir que en el nuestro han emergido ahora, en esta coyuntura, señales de confianza en ese sistema.

Lo prueban las manifestaciones pacíficas fundamentalmente promovidas por los jóvenes, en las que la libertad de expresar quejas, inquietudes o reclamos no supone ninguna amenaza o daño al sistema.

Eso es lo que tienen que cuidar todos los partidos o promotores de esas manifestaciones, evitando que por cualquier causa se desnaturalicen, evitando las infiltraciones de los enemigos de la paz y del orden que siempre se agazapan en las oscuridades con la finalidad de hacerlas fracasar y convenciéndose, como dijimos recientemente en un editorial, de que no es a un campo de guerra al que vamos, sino a una cita con la estabilidad, la institucionalidad, la alternabilidad democrática y la vida en libertad.