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Editorial sábado, 01 de febrero de 2020

Una ciudad con reglas claras

La Alcaldía del Distrito Nacional culminó el proceso de elaboración y aprobación del “Plan de Ordenamiento Territorial del Distrito Nacional (POT) Capital 2030”, una herramienta fundamental para planificar el futuro de la ciudad.

En el extenso documento elaborado por un equipo multidisciplinario de profesionales dominicanos y extranjeros, pertenecientes a entidades públicas y privadas, se aporta una visión guía de dónde invertir de forma racional y una determinación precisa del uso del suelo para garantizar el desarrollo sostenible.

Una buena síntesis del Plan que fue puesto a circular el pasado miércoles la hizo el director de Planeamiento Urbano del cabildo, arquitecto Amín Abel Santos, cuando dijo: “El plan establece la dirección de la inversión pública para promover el desarrollo del territorio, a través de programas y proyectos”.

Justamente eso es lo que requiere la Ciudad Primada de América. Autoridades que en consenso con los técnicos, con los organismos internacionales, con los ministerios vinculantes, con los gremios profesionales y los promotores de inversiones inmobiliarias y de otro tipo de negocios, señalen claramente dónde se pueden instalar industrias, envasadoras de combustibles, centros docentes y de salud.

Esa planificación es la que evita que sectores que hace unos años eran esencialmente residenciales, donde las familias vivían la tranquilidad de esa característica, ahora estén invadidos por cadenas de comercios que a su vez atraen flotillas de camiones, rutas de transporte público y por consiguiente los negocios de venta de comidas improvisados en aceras, frente a residencias o clínicas.

Con un orden bien establecido acerca de qué se puede hacer en cada espacio de la ciudad, la gente sabe a qué atenerse cuando decida hacer una inversión y explotar al máximo un entorno.

El liderazgo del alcalde del Distrito Nacional, David Collado, ha quedado demostrado otra vez al culminar con éxito este proyecto después de 18 meses de trabajo en el que al final intervinieron 2,000 ciudadanos, 15 entidades públicas y privadas y más de 280 organizaciones sociales y comunitarias.

Santo Domingo merece y debe ser, de aquí a 2030, una ciudad armónica, sostenible y transitable, donde vivir no sea una angustia cotidiana.

Si lo logra, si recupera sus riberas y su entorno, Santo Domingo puede convertirse en una ciudad de grato acogimiento para sus visitantes y para quienes viven permanentemente en ella.