Opinión

El declive de los diarios del Metro

“Esperamos que disfruten sus apestosos teléfonos”. Con este inaudito titular principal se despidió del público hace pocas semanas el diario gratuito Express, editado por The Washington Post, haciendo aguas ante el declive de sus lectores que eran principalmente los usuarios del metro y de los autobuses.

La culpa de este declive fue atribuida, oficialmente, a una disminución de la demanda y a la drástica caída de los ingresos por publicidad, pero en realidad la causa decisiva fue la instalación de WiFi en las cabinas de los transportes masivos, lo que facilitó que los pasajeros optaran por ver las noticias en sus móviles, no en papel.

Lo del Express es otro episodio más en la cadena de cierre de los periódicos tipo Metro en todo el mundo, luego de una década de éxitos desde el 2000 cuando su aparición progresiva, que se extendió a más de 54 países, implicó una profunda transformación del modelo del diarismo de pago.

La facilidad de leer la prensa diaria en un formato más pequeño tipo mascota, y por demás gratuito, mientras tomaban los trenes y buses para ir o regresar del trabajo, golpeó severamente la circulación y las suscripciones de los periódicos de pago, algunos de los cuales se vieron forzados a replicar el modelo para asegurar a sus anunciantes que disponían de una audiencia mayor.

En un momento, la circulación de los gratuitos Metro superaba hasta cinco veces la de los periódicos de pago, brindando las mismas noticias, pero en un empaque mínimo, simplificado y al alcance de cualquier usuario. Hoy no resulta costeable ni rentable la inversión en producción y distribución de estos diarios si los usuarios han descubierto otras vías y otros formatos, como el podcast, para enterarse de las noticias mientras van al trabajo.

De algún modo pudiera decirse que el espectacular fenómeno de los diarios tipo Metro iba al compás con la tendencia a la gratuidad en los medios digitales, marcando nuevas estrategias para la rentabilidad de las empresas periodísticas tradicionales que veían en el aumento de sus audiencias su tabla de salvación.

Curiosamente, ahora que la gratuidad no está generalizada en los medios digitales y que, por el contrario, aumentan las suscripciones de pago o las modalidades de cooperación de quienes desean un periodismo de calidad, basado en contenidos interesantes, comprobados y reales, no en noticias falsas o manipuladas que intoxican las redes sociales, el emblemático modelo del Metro pierde terreno aceleradamente en sus nichos originales.

La realidad de que al día de hoy el 82 por ciento de la población usuaria del internet a nivel mundial posea teléfonos inteligentes y que por demás obtenga gratuitamente el acceso al WiFi en los trenes y autobuses, explica el desvanecimiento del prototipo Metro y de muchas cabeceras de pago en papel, una tendencia que cada vez más se afinca en esta era de las comunicaciones modernas.

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