EDITORIAL

Por nuestra propia supervivencia

Cientos de toneladas de basura, mayormente residuos plásticos, fueron retiradas este fin de semana de las costas y riberas de ríos, como parte del operativo anual para la limpieza de esos ecosistemas, que también se realizó simultáneamente en más de 120 países.

En el caso dominicano, más de 25 mil voluntarios de instituciones públicas y privadas se unieron a este colosal esfuerzo, que tuvo de inmediato dos resultados: limpiar aunque sea temporalmente los entornos de estas fuentes marinas y acuíferas, y segundo, llamar la atención sobre la gravedad del problema de la contaminación ambiental del país.

Este es sólo un aspecto del problema, porque la degradación del medio ambiente sigue su curso con la acelerada desforestación de nuestras montañas y bosques, con los gases tóxicos que expulsan millones de vehículos de motor en nuestras congestionadas calles y la basura que se amontona en las grandes ciudades, afectando la salud de millones de ciudadanos.

Como fruto de todas esas anormalidades causadas por el ser humano, el mundo afronta hoy las consecuencias de una dramática alteración del clima y de los ciclos de la naturaleza, algunos de cuyos efectos los estamos sintiendo ya en nuestro país con la desaparición de ríos, la reducción de las lluvias y las consiguientes sequías que neutralizan la fertilidad de los suelos agrícolas.

Aunque esos daños se han hecho latentes y visibles, es todavía muy mínimo el nivel de conciencia que tiene la población sobre sus catastróficas consecuencias para la vida humana.

Esta realidad debe cambiar. Los gobiernos y las entidades más representativas de la sociedad tienen que promover con más énfasis la educacion ambiental, unirse en campañas como las de este fin de semana en favor de la limpieza de playas y ríos, en las de reforestación y en serios esfuerzos para la recolección y disposición final de los desechos sólidos.

Cada mes, por lo menos, debería producirse una movilización de voluntarios, especialmente de estudiantes de nuestros colegios, escuelas y universidades, en limpieza de playas, ríos, parques y otros lugares, en los que los recursos naturales están amenazados por la degradación.

Hay que levantar una ola de solidaridad ciudadana en favor de esta causa por la vida y la sanidad de nuestro medio ambiente, una obligación que nos corresponde a todos. Si los partidos políticos y los espectáculos artísticos son capaces de mover muchedumbres, ¿por qué no inducir al pueblo a este esfuerzo por su propia supervivencia?