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Editorial viernes, 19 de julio de 2019

La indignación de los puertorriqueños

El pasado sábado los puertorriqueños despertaron asombrados al enterarse de que el gobernador Ricardo Roselló, aparte de sus funciones públicas, tenía el hábito de chatear con sus allegados por las redes sociales, pero no sobre temas relativos a buscar soluciones a los graves problemas de Puerto Rico, sino intercambiando mensajes sexistas, homofóbicos y discriminatorios.

Todo quedó expuesto cuando se divulgaron 889 páginas de mensajes en Telegram que incriminan muy seriamente a “Ricky” Rosselló en actitudes burlescas contra gente de su propio pueblo y acciones contra sus opositores políticos.

La respuesta inmediata de la población fue de indignación, que inicialmente inundó las redes y los demás medios de comunicación, los espacios de debate y académicos. Pero la cosa no paró ahí.

Desde el mismo día comenzaron las manifestaciones masivas con participación de todos los sectores sociales, desde los sindicatos hasta los artistas de mayor renombre y sus deportistas famosos.

El grito es casi unánime: ¡Qué renuncie Ricardo Rosselló!

A pesar de que todas las manifestaciones de protesta contra el comportamiento del gobernador han sido extraordinariamente concurridas, la del pasado miércoles en el Viejo San Juan fue apoteósica, prolongándose desde las 5:00 de la tarde hasta la madrugada del jueves, terminando en una batalla campal entre manifestantes y policías.

Entre los artistas presentes en la marcha estaban Residente, Bad Bunny, Ricky Martin, Lin-Manuel Miranda, Benicio del Toro, Ile, Tommy Torres, Gilberto Santa Rosa y Karla Monroig, mientras que en las estrellas del deporte dio un paso al frente Alex Cora y otros.

Aunque el pedido de renuncia y la avalancha de manifestaciones han sido consistentes y no parece que vaya a terminar, Rosselló se ha negado a renunciar, aunque sí lo han hecho funcionarios suyos que fueron sus interlocutores en el chateo que hoy los ha puesto en la mira del pueblo puertorriqueño.

Sea cual sea el desenlace de la grave crisis política que ha caído sobre Puerto Rico, la lección que deben aprender los gobernantes y los líderes políticos es que ya no hay asuntos absolutamente confidenciales que resistan en el tiempo que la gente se entere, y segundo, que los pueblos exigen hoy más que nunca transparencia y respeto, no burlas y denuestos.

Esperamos que Puerto Rico supere esta prueba y sus gobernantes asuman sus funciones con responsabilidad, ética y dignidad.